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Eliacer Cansino nació en Sevilla, ciudad en la que estudió Filosofía y donde actualmente ejerce como profesor. Desempeña la docencia como catedrático de esta asignatura en un instituto de enseñanza secundaria en San Juan de Aznalfarache, a cuatro kilómetros de la capital andaluza.
Como escritor se ha convertido en uno de los más respetados y admirados, tanto por los lectores y críticos como por sus propios colegas, de la literatura infantil y juvenil en español, y ha sido distinguido con premios tan importantes como el Lazarillo, que obtuvo en 1997 por El Misterio Velázquez o el Premio Internacional Infanta Elena, en 1992 por Yo, Robinsón Sánchez, habiendo naufragado, obra que acaba de reeditarse.
Gracias a Una habitación en babel fue galardonado con el Premio Nacional de LIJ en 2010, esta historia también mereció el VI Premio Anaya de LIJ. Con anterioridad ya había sido incluido en la prestigiosa Lista The White Ravens, de la Internationale Jugendibibliothek de Munich, por Ok, Señor Foster, novela con la que además obtuvo el IX Premio de LIJ Alandar. En el año 2000 entró en la Lista de Honor de IBBY.
Foto: IES Matilde Casanova, La Algaba (Sevilla)
Para Canal Lector siempre es un placer contar con las reflexiones de este genial autor, sus encuentros con los lectores vinculados a los clubes de lectura juveniles de la FGSR son recordados con gran cariño por los integrantes y organizadores de aquellas veladas literarias, sesiones inolvidables que provocaron muchas preguntas en los adolescentes y que culminó con el análisis exhaustivo de varias de sus obras.
Cinco libros de LIJ para llevar en la maleta
Elegir cinco libros para llevar en la maleta siempre es difícil cuando tantos nos han gustado y nos siguen gustando. Pero, en fin, para esta ocasión me llevaría los siguientes:
El primer libro que llevaría, si tuviera que contar un cuento a una niña o un niño pequeños, sería – ¡lamento no ser original!- Caperucita roja. Es un cuento indispensable. Ningún niño puede dejar de oírlo, después mirarlo y finalmente leerlo. En ese encuentro inmarcesible entre el lobo y la niña están concentrados de una manera perfecta e inigualable toda una galaxia de sentimientos, enseñanzas, sorpresas, alegrías y miedos que un niño sabe entender.
Me lo contaron a mí, se lo conté a mis hijos, se lo cuentan a mis nietos y todos, todos vuelven a pedir que lo cuenten una vez más.
Entre las muchas versiones que hay del mismo, he elegido para esta ocasión la de Gabriela Mistral, que con las magníficas y sugerentes ilustraciones de Paloma Valdivia publicó la editorial Amanuta de Chile. Conocí accidentalmente a Paloma esperando un avión en el aeropuerto del D.F. de Mexico. Me regaló el libro y yo le prometí un comentario. Después me di cuenta de que, con las prisas, no nos dimos la dirección y nunca pude enviárselo.

El segundo, Robinsón Crusoe. Rousseau decía que era el mejor libro que podía leer un joven. Yo lo leí siendo preadolescente y me entusiasmó. Las aventuras de ese náufrago ingenioso a prueba de cualquier desesperanza son un modelo lleno de interés para un joven: el encuentro consigo mismo, la lucha por sobrevivir en la adversidad más extrema, el aprendizaje de la escritura de un diario –tan útil a esa edad- y el encuentro con el otro, el diferente (Viernes) pueden convertir su lectura en un camino de aprendizaje ameno e inusual. Además de que, con ese libro, Defoe inventa un prototipo de personaje, algo que muy pocos y señeros autores han logrado.
El tercero es Fosco, de Antonio Martínez Menchén, cuando lo leí me di cuenta de que, en la literatura infantil y juvenil, todo puede ser contado si se sabe hacer a la manera como lo hace en este libro su autor: con ternura y verdad. Un libro sobre la pérdida de un ser querido que aún me conmueve y, sin embargo, no me apena.
El cuarto es El oro de los sueños, de José María Merino. Cuando aún me iniciaba en los caminos de la literatura juvenil y buscaba mi propia voz, este libro me hizo ver que era posible escribir con calidad y sin amaños buena y verdadera literatura. Un libro que pone ante el lector las aventuras de un joven, sus dudas y reflexiones al hilo de su propio crecimiento, y todo ello en el marco de la singular epopeya de los primeros españoles en América, un suceso histórico al que la literatura española apenas ha dedicado atención.

Y el quinto y último: Lazarillo de Tormes. Podría parecer un libro antiguo, pero no lo es. Su modernidad es casi permanente. Hay que ponerlo en la cabecera de cualquier lista de libros juveniles. Es más, yo creo que inaugura la literatura juvenil, aún sin conciencia de ello por parte de su desconocido autor. Suelo decir que cualquier novela que tenga como protagonista a un chico o chica menesteroso, rodeado de dificultades, que lucha en solitario por salir de ese ambiente que lo aprisiona, conseguir su lugar en el mundo y conquistar la dignidad que toda persona merece, cualquier novela, digo, que tenga este tema –y son miles- es deudora del Lazarillo.
Y nada más. En otra ocasión, si vuelven a preguntarme, tal vez elegiría otros cinco distintos. Pero no importa, no hacemos una sola maleta en la vida.
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