|
Lo de obras literarias es solo un nombre. En realidad, es una forma de juego.
El autor de la reflexión es el profesor Thomas C. Foster. Imparte clases de literatura en la Universidad de Michigan-Flint, (Estados Unidos), desde la década de los setenta. Allí, a través de la escritura creativa, del teatro y la poesía principalmente, intenta inculcar a sus alumnos el gusto por la lectura.
Aunque está especializado en autores y movimientos literarios británicos, sus clases están plagadas de buenas ideas aplicables a cualquier realidad. Ya en obras publicadas años atrás esbozaba algunas propuestas originales para adaptar a otros currículos escolares, pero ha sido su lanzamiento de 2015, Leer como un profesor (Turner), el que ha alcanzado mayor eco internacional.
El libro es una recopilación de diferentes aspectos que trata habitualmente en el aula, y esconde una apuesta valiente por los lectores que el sistema educativo, en muchos casos, da por perdidos.
Podemos extraer algunas de sus afirmaciones para establecer un debate constructivo con los alumnos. Por ejemplo que para él, sin lector no hay literatura. Aunque suene a tópico, se refiere a que toda la atención debe recaer en la persona que escoge la historia y no en el autor de la misma ni en el propio texto.
De igual forma, afirma que la experiencia de los que se acercan al texto y el paso del tiempo cambian la obra. Razón que explica por qué muchas de las hoy consideradas grandes joyas de la literatura no tuvieron trascendencia entre los lectores de entonces y sí la tienen ahora.
Esta misma experiencia vital afecta plenamente a nuestra actitud ante la lectura. Es mucho más que un acto intelectual pues indaga en nuestra propia existencia. Se hace necesario, por tanto, conocer a fondo la trayectoria del lector para ofrecerle la historia que más se adapta a sus inquietudes.
En sus páginas desmitifica al autor perfecto, diciendo que no existe una obra literaria que no tenga algo de plagio y, por tanto, que sea 100% original. Un aspecto que puede ayudar a los alumnos a la hora de construir sus redacciones y relatos, siempre de forma respetuosa hacia los originales en los que puedan inspirarse.
Las pautas que se ofrecen están adecuadas para afrontar la lectura a la vez que se desarrolla el espíritu crítico del alumno. Especialmente a través del uso de elementos literarios como la metáfora o el significado simbólico, con abundantes ejemplos de autores y personajes de todas las épocas, desde el Capitán Ahab a Harry Potter, Snoopy o Indiana Jones.
Es solo uno de los múltiples trabajos que se publican cada año destinados a facilitar la innovación y el desarrollo de buenas ideas a la hora de diseñar programas de fomento lector en clase.
La OEI (Organización de Estados Iberoamericanos), por ejemplo, ofrece un completo repositorio de artículos firmados por todo tipo de especialistas relacionados con el tema en este enlace.
Comparte más ideas de este tipo en nuestros perfiles de Twitter y Facebook. Queremos leer tus propuestas.
[Imagen: http://www.tenminutesavvy.com/]
|