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Otro tiempo vendrá distinto a éste.
Y alguien dirá:
«Hablaste mal. Debiste haber contado
otras historias:
violines estirándose indolentes
en una noche densa de perfumes,
bellas palabras calificativas
para expresar amor ilimitado,
amor al fin sobre las cosas
todas».
Pero hoy,
cuando es la luz del alba
como la espuma sucia
de un día anticipadamente inútil,
estoy aquí,
insomne, fatigado, velando
mis armas derrotadas,
y canto
todo lo que perdí: por lo que muero.
Hace ya diez años que nos dejó uno de los poetas más destacados de la llamada generación del medio siglo.
Ángel González nació en Oviedo en 1925, su familia, como tantas otras, sufrió las consecuencias de la Guerra Civil siendo un preadolescente. Estudió Magisterio en su ciudad natal, a la vez que Derecho como alumno libre. Tras ejercer como maestro durante varios meses en una aldea de Páramo del Sil (León), trabajó como crítico musical en La Voz de Asturias mientras convalecía de una tuberculosis.
Conoció a Vicente Aleixandre en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, este escritor sería crucial en su carrera, ya que animó al poeta a publicar sus versos. Su carrera profesional le llevó a mediados de los 50 hasta Sevilla, donde obtuvo una plaza por oposición en el Ministerio de Obras Públicas. De allí pasó a Barcelona, ciudad en la que residió también unos años, participando en tertulias y forjando amistad con otros autores y editores como Carlos Barral o Jaime Gil de Biedma.
Su libro Áspero Mundo obtuvo un accésit en el prestigioso Premio Adonais, justo en la época en la que, de nuevo, cambió de domicilio: primero Madrid y, en 1972, en Estados Unidos, donde ejerció como profesor de la Universidad de Nuevo México, Albuquerque.

En Madrid, J.M. Caballero Bonald, Gloria Fuertes, Gabriel Celaya, Ángel González,
José A. Goytisolo y Manuel Vázquez Montalbán (1969) [Instituto Cervantes]
Tras su jubilación, regresó a España en febrero de 1994, y dos años más tarde pasó a formar parte de la Real Academia Española. En 1985 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.
Gonzáles es uno de los iconos de la denominada poesía social. Su obra se caracteriza por el acertado uso de la ironía y por la gran sensibilidad que destila cada uno de sus versos, una visión del mundo que ha impactado en varias generaciones de jóvenes lectores.
Tratado de urbanismo (1967) posiblemente marca una segunda fase en su creación artística, en la que se aprecia una mayor ligereza en lo que se refiere al contenido narrativo y un mayor enfoque en aspectos más íntimos.
Su labor como docente también se vio reflejada en varios ensayos sobre granden autores y acontecimientos cruciales del siglo XX: Juan Ramón Jiménez (1973), El grupo poético de 1927 (1976), Gabriel Celaya (1977), Aproximaciones a Antonio Machado (1979), Historia social del trabajo, Quevedo y Franco, dolor de España.
La poesía del autor ovetense se hizo muy popular entre los jóvenes, en 2003, a raíz de
su colaboración con el cantautor Pedro Guerra en el libro-disco La palabra en el aire
Ángel González era fiel a las tertulias con otros artistas, amigos de larga trayectoria, como Luis García Montero, Almudena Grandes, Felipe Benítez Reyes, Joaquín Sabina, Benjamín Prado... A los que a veces se unían Mendicutti, Bonald, el cantautor Javier Ruibal, especialmente en las reuniones que se celebraban en la tasca Tirapú, en Rota (Cádiz)
El poeta falleció en enero de 2008 a consecuencia de una insuficiencia respiratoria a los 82 años.
Gracias a la labor del Instituto Cervantes, en cuya web puedes conocer la cronología personal y artística del autor, puedes disfrutar algunos de sus poemas narrados por el propio autor: consulta esta fonoteca virtual.
[Biografía construída a partir de los datos ofrecidos por Instituto Cervantes]
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