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Virtudes de la biblioteca de aula
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El aula es el lugar ideal para llevar a cabo algunas actuaciones relacionadas con la formación lectora y escritora: lectura expresiva en voz alta de narraciones, poemas, nanas, etc. Recreaciones plásticas de lo leído. Teatro leído. Iniciación de los niños en técnicas bibliotecarias: los fondos de la biblioteca del aula habrán de estar organizados, podrán ser prestados y su funcionamiento estará pautado por un reglamento diseñado por alumnos y maestros.
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El aula se convierte en un laboratorio de investigación en el que se manejan diferentes fuentes de información para resolver las dudas cotidianas e inmediatas de los niños. Si estamos estudiando el cuerpo humano, traeremos al aula información sobre le tema en distintos soportes (libros, revistas, fascículos, vídeos, montajes de diapositivas, murales…) y entre todos iremos localizando y seleccionando los datos que más nos interesen. Posteriormente podremos elaborar nuestra propia información.
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Favorece la creación: se pueden dar oportunidades para crear todo tipo de textos, tanto curriculares como literarios o extracurriculares (cuentos, poemas, ensayos, trabajos de investigación, cartas, dosieres, periódicos, revistas, boletines, etc.)
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La animación a la lectura es más fácil y se puede realizar con más frecuencia porque la organización y desarrollo de actividades es menos compleja.
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El niño se responsabiliza más de los materiales porque los interioriza como suyos y sabe que sin su cuidado e intervención su conservación resulta dificultosa.
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El préstamo de libros y otros materiales de lectura es más ágil y sencillo.
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El trabajo en grupo y la colaboración entre los niños es más fructífero y espontáneo.
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El «Rincón de biblioteca» se acondiciona según los gustos y deseos de los niños por lo que el ambiente se torna más cálido y agradable.
Virtudes de la biblioteca escolar
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Se amplía el abanico de materiales de lectura. El libro de texto pierde su primacía y pasa a convertirse en un material más.
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Permite la intercomunicación entre los niños de diferentes edades y entre estos y los demás maestros.
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Si este contacto es fluido y espontáneo el niño puede descubrir que él mismo es capaz de compartir sus conocimientos y experiencias con los demás e incluso de servir de guía o maestro de otros niños.
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Es un centro de recursos amplio y atractivo porque el niño encuentra en él puertas abiertas inimaginables desde las cuatro paredes del aula.
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La investigación es más apetecible porque los materiales disponibles son más numerosos y variados.
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Favorece la vinculación con las bibliotecas públicas y la capacitación de los niños para acceder a los centros de lectura pública.
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El niño aprende a manejar enciclopedias, atlas, diccionarios, etc.
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Se rompen las barreras de la escuela: el niño puede comunicarse a través del ordenador con personas ajenas a la escuela y acceder a fuentes de información inalcanzables para las posibilidades económicas, espaciales y materiales del centro educativo.
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Al existir un número amplio y variado de materiales y recursos de aprendizaje, la biblioteca escolar se convierte en el lugar ideal para el autoaprendizaje.
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El bibliotecario, experto en documentación y técnicas de manejo de la información, puede convertirse en un modelo para el nacimiento del espíritu investigador de los niños.
Conclusiones
Hemos intentado establecer las relaciones de interdependencia existentes entre la biblioteca escolar y la biblioteca de aula y, al mismo tiempo, ayudar al lector a reconocer las peculiaridades y ventajas de ambos centros de aprendizaje y recursos.
En cualquier caso, abogamos por la existencia en todos los centros educativos de una biblioteca central generadora de una dinámica transformadora de la dinámica curricular, capaz de aportar a sus usuarios el conocimiento de técnicas de estudio y de trabajo intelectual, así como de tratamiento e interpretación de la información y de los lenguaje audiovisuales.
Una biblioteca que forme lectores polivalentes capaces de comprender y expresarse en cualquier lenguaje (escrito, cinematográfico, musical, plástico...), que tengan la posibilidad de aprender por sí mismos cualquier cosa que les interese y de acceder a cualquier ámbito de la cultura que puedan formar globalmente su personalidad.
Pero esta biblioteca sentirá ralentizarse y dificultarse su labor si el centro educativo no cuenta con activas bibliotecas de aula en las que maestros comprometidos y apasionados vayan creando el caldo de cultivo sobre el que germinarán vigorosamente los incipientes nuevos lectores y escritores que anidan entre sus paredes.
Este texto es una colaboración de Kepa Osoro
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