Introducción
Tradicionalmente, mediante un programa de formación de usuarios, el personal encargado de la biblioteca pretende transmitir las características del espacio físico en que se encuentra, una visión global de la organización y secciones de la biblioteca y un conocimiento más específico sobre el funcionamiento, recursos y servicios de información de la misma. Su objetivo principal es instruir en los procesos de identificación, localización, selección, evaluación y utilización de datos e información. En la BE este objetivo está íntimamente ligado a las competencias básicas que pretende desarrollar en los ciudadanos y ciudadanas el nuevo sistema educativo. Para alcanzarlo, los centros de enseñanza deben establecer planes de trabajo, debidamente consensuados, secuenciados y coordinados, en los que se aborden dichas competencias básicas: comunicación lingüística, tratamiento de la información y competencia digital, social y ciudadana, cultural y artística, para aprender a aprender y autonomía e iniciativa personal, etc., todo ello en paralelo con la formación en el uso de la BE como herramienta imprescindible para su consecución, a lo que podríamos llamar Plan de Lectura y Alfabetización en Información (PLAI).
Por otra parte, vivimos en una sociedad en continuo cambio, caracterizada por el uso de las tecnologías de la información en todos los ámbitos de la actividad humana, y por una concepción global de la economía y de la cultura que requiere de un sistema educativo que de respuesta a dos de sus demandas principales: la gestión del conocimiento y la formación continua de ciudadanos capaces de cooperar, planificar, construir, expresar y aplicar conocimiento1.
Así pues, para que las administraciones educativas puedan garantizar a los ciudadanos y ciudadanas la adquisición de estas competencias, que el Ministerio de Educación y Ciencia determina para dar respuesta a las nuevas demandas de la sociedad de la información, es necesaria la elaboración de Planes de Lectura y Alfabetización en Información (PLAI) que contemplen la solución a los problemas planteados en torno a tres ejes:
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El cambio de la cultura docente, sustituyendo el uso exclusivo del libro de texto por una enseñanza integradora de todos los estamentos de la comunidad educativa, de todas las materias y de todos los niveles, desde Infantil hasta la enseñanza superior universitaria, orientándola hacia la Alfabetización en Información (ALFIN2); esto es, el desarrollo de la cultura por placer, la lectura para aprender, la capacidad crítica y el uso racional de las TIC y teniendo como objetivo prioritario que el alumnado aprenda a aprender y a lo largo de toda la vida.
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La situación actual de las bibliotecas escolares, en torno a las cuales debe favorecerse la creación de redes cooperativas y apoyos externos que faciliten la formación, el trabajo técnico y el uso compartido de los recursos, asignándoles personal, horarios, presupuestos y espacios que posibiliten su desarrollo y su funcionamiento como eje transversal del currículo en la ALFIN.
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El uso racional de las TIC, creando mecanismos de supervisión del buen uso de los recursos que las administraciones educativas facilitan, de Intranets adaptadas a la realidad de los centros, favoreciendo la comunicación entre ellos e introduciéndolas en los currículos de todas las materias, haciéndolas complementarias de la lectura de libros, conectándolas con la ALFIN y posibilitando que sean una herramienta para la formación de nuestro alumnado como ciudadanos y ciudadanas responsables, críticos, con iniciativa y capaces, por tanto, de participar activa y libremente en la sociedad del conocimiento en la que están inmersos.
En este artículo nos vamos a referir fundamentalmente a los puntos primero y tercero ya que en ellos se sitúa la formación que precisaría nuestro alumnado para hacer de la biblioteca una herramienta imprescindible y no un complemento deseable, como viene siendo hasta ahora.
Cultura docente, ALFIN y formación de usuarios de información
Desde la aparición de la LOGSE en 1990, se han promulgado varias Leyes de Educación y en todas ellas se ha mencionado, como mínimo, la necesidad de desarrollar determinados hábitos de trabajo intelectual que garanticen el aprendizaje a lo largo de toda la vida. Sin embargo, no podemos decir que haya habido realmente un cambio importante al respecto. La educación se sigue concibiendo fundamentalmente como un proceso de transmisión de conocimientos, en el que aprender significa seguir un camino que ha sido trazado de antemano, la mayor parte de las veces no se sabe por quién. Es una estructura jerárquica en la que el alumnado ocupa el último peldaño de la escala.
En una sociedad en constante cambio lo que importa no es tanto saber como aprender, el conocimiento ha sido desplazado por la información. El modelo que el nuevo sistema educativo propone es el de la Alfabetizacion en Información (ALFIN), eje transversal de todas las competencias básicas. La ALA (American Library Association) dice que «para ser alfabetizada en información, una persona debe ser capaz de reconocer cuándo necesita la información, y tener la capacidad de localizarla, de evaluarla, y de utilizarla con eficacia»3 . En consecuencia, la misión tanto de la escuela como de la biblioteca escolar es formar personas que conozcan y disfruten no sólo de las manifestaciones de la cultura propia y de la de otros pueblos, sino que además sean capaces de desarrollar con autonomía cualquier tipo de conocimiento de forma individual y cooperativa a lo largo de toda la vida, de manera consciente y crítica, haciendo un uso eficaz de todos los medios de comunicación, y que puedan aplicarlo en todos los ámbitos de la vida, de manera ética y solidaria4.

Así pues, una persona alfabetizada en información es alguien que sabe en qué momento y por qué necesita información; es decir, una persona familiarizada con el mundo de la documentación, capaz de elegir por sí misma sus lecturas y de decidir por qué elige este o aquel documento en un momento concreto. Es, por tanto, alguien que ha desarrollado su capacidad crítica, lo que le posibilitará la evaluación de la información que seleccione, después de haber utilizado para ello todos los medios de comunicación a su alcance y hacer uso de ella tanto a nivel personal como «profesional».
Sin embargo, formar en el tratamiento de la información es una tarea compleja que implica no sólo el desarrollo de habilidades documentales que hagan posible la ejecución eficaz de una instrucción para el uso correcto de cualquier espacio informativo, sino también el de capacidades intelectivas para el aprendizaje y la utilización consciente y constructiva de la información, además de la educación en determinados valores y habilidades sociales y de trabajo cooperativo.
Así, siguiendo a Marcel Mignault5, distinguiremos cinco grandes campos en los que habría que formar a los futuros usuarios en información y documentación. Los cuatro primeros aparecen recogidos en el siguiente cuadro.
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NIVEL |
BIBLIOTECA6 |
DOCUMENTACIÓN |
HÁBITOS DE TRABAJO INTELECTUAL |
TRABAJO EN GRUPO |
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INICIAL |
- Distingue entre BE y biblioteca pública.
- Visita la biblioteca con asiduidad.
- Está familiarizado con el espacio.
- Distingue secciones y subsecciones en la clasificación.
- Ordena documentos.
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- Establece una relación afectiva con el libro.
- Selecciona y lee libros que le gustan. - Escribe de forma creativa.
- Usa diccionarios de la lengua.
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- Busca palabras nuevas.
-Crea condiciones apropiadas para el estudio.
- Se concentra.
- Escucha.
- Planifica su tiempo.
- Ejercita el juicio propio.
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- Juega un papel activo.
- No se desvía del objetivo del grupo.
- Se expresa con claridad.
- Respeta las ideas de los demás.
- Establece un diálogo.
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MEDIO |
- Distingue distintos tipos de bibliotecas.
- Conoce la clasificación completa de la BE. - Determina los servicios de una biblioteca.
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- Reconoce distintas partes del libro.
- Distingue distintos tipos de documentos.
- Usa dos tipos de enciclopedias.
- Usa diccionarios específicos.
- Usa revistas y periódicos.
- Usa otro tipo de obras de referencia. - Usa bibliografía escondida.
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- Lee rápidamente. - Lee comprensivamente. - Subraya.
- Toma notas.
- Resume.
- Realiza esquemas.
- Memoriza.
- Maneja Power Point.
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- Organiza distintos tipos de reunión.
- Identifica distintos tipos de participantes.
- Desempeña el papel que le corresponda.
- Elabora informes de las reuniones.
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AVANZADO |
- Localiza documentación en otras bibliotecas.
- Hace un uso eficaz de Internet.
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- Consulta bases de datos.
- Analiza lenguaje musical, cinematográfico, plástico...
- Contrasta fuentes.
- Domina medios hipertexto.
- Busca información telemática.
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- Distingue entre hechos y opiniones.
- Diferencia entre intuición y razonamiento.
- Resuelve cuestionarios dirigidos sencillos, realiza trabajos dirigidos, utiliza WebQuest...
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- Toma decisiones.
- Debate.
- Expone oralmente, por escrito, con Power Point, elabora carteles... las conclusiones del grupo.
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El trabajo de estos campos dentro del PLAI de cada centro permitirá abordar el quinto: la elaboración de un trabajo monográfico.
Este texto es una colaboración de Melquíades Álvarez y Laura Cobos
NOTAS (consultas de páginas web realizadas en julio de 2007)
(1) AREA, M. «La formación en competencias informacionales o ALFIN: definición y habilidades implicadas». http://ordenadoresenelaula.blogspot.com/2007/05/la-formacin-en-competencias.html
(2) GÓMEZ, J. A. «Alfabetización en información: cuestiones básicas». Disponible en: http://www.thinkepi.net/notas/2007/Gomez-Hernandez_alfabetizacion-informacional.pdf#sthash.GXg4tXxQ.dpuf
(3) American Library Association Presidential Committee on Information Literacy: Final Report. (Chicago: American Library Assn., 1998).
(4) DELORS, J. (1996). «La educación encierra un tesoro». UNESCO. Disponible en http://www.unesco.org/delors/delors_s.pdf
(5) MIGNAULT, M. (1979): «Les chemins du savoir». La Pocatière: Société du Stage en bibliothéconomie de La Pocatière.
(6) COBOS, L. y ÁLVAREZ, M. (2006): Guía práctica de acceso a la información en la biblioteca escolar. De la pregunta al documento. Madrid: Fundación Germán Sánchez Ruipérez.
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