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Cómo dar vida a la Biblioteca Escolar en Secundaria (Segunda parte)

Localizar los documentos

Manejar los catálogos. Tanto si se dispone de catálogo manual (con fichas) como si se cuenta con uno automatizado (OPAC) hay que tener a disposición del usuario una guía que le oriente en los pasos que debe seguir para localizar un documento o que le ayude a resolver las dificultades más habituales. También es interesante elaborar un tutorial que le permita aprender paso a paso, de forma autónoma, el manejo del OPAC.

¿Qué nos dicen los tejuelos? Para que los alumnos se familiaricen con el tratamiento que reciben los documentos antes de ponerse al préstamo, se organizan talleres. En ellos, como se mencionaba anteriormente, los muchachos se convierten en ayudantes del bibliotecario y colaboran en algunas de sus tareas. Uno de los elementos que hay que preparar para cada libro es el tejuelo, que sirve para ubicarlo y localizarlo. A través de algunas actividades de carácter lúdico, conocerán el significado de las distintas iniciales y de los símbolos que se colocan en el mismo.

El álbum de cromos de la biblioteca. Una forma interesante de atraer la atención de los muchachos y facilitar el aprendizaje –aunque a veces demasiado explotada– es la utilización de álbumes de cromos. En este caso se trata de preparar la reproducción de las cubiertas de un conjunto de libros en pequeño formato. Se proporciona a cada uno el álbum y, a través de una dinámica de juego en la que se impliquen los profesores de distintas asignaturas, se van entregando los cromos. Cada vez que se entrega un cromo nuevo el alumno debe encontrar en la biblioteca el libro correspondiente mediante unas pistas que se indican en dicho cromo. Una vez que localice la obra, dispondrá de la información necesaria para descubrir la página del álbum donde lo debe pegar.

Cada documento en su lugar. Ahora cada alumno –o cada equipo de alumnos– debe ubicar en el estante, armario o cajón correspondiente el conjunto de documentos que se le ha entregado previamente. Para ello se ofrecen una serie de pistas que le vayan llevando a las diferentes secciones de la biblioteca. En esta ocasión se utiliza una tabla dicotómica de preguntas, cada una de las cuales tiene dos respuestas. Cada respuesta, a su vez, lleva a una nueva pregunta. Así hasta llegar al punto en el que se encuentra una réplica de la portada del libro que tiene entre manos. Si coincide la réplica con el libro, la solución es correcta. En caso contrario, tendrá que volver a empezar para ir por otro camino.

¿Todo está en Internet? Los recursos electrónicos son cada día más numerosos, sobre todo en la red. Por tanto, es imprescindible enseñar a los chavales a localizarlos a través de las herramientas más adecuadas. El primer peligro que hay que evitar es el de la dispersión: hay que fijar claramente los objetivos y la trayectoria de una búsqueda para no perderse por caminos laterales. En segundo lugar, centrados ya en la búsqueda de un documento propiamente dicho, hay que diferenciar entre aquellos que son visibles en Internet a través de los motores de búsqueda o directorios, por depender directamente de una sede web y aquellos otros que están ocultos y a los que hay que acceder a través de un catálogo o de una base de datos. Por último, hay que aprender a manejar las distintas herramientas que la web ofrece: motores de búsqueda, metabuscadores, directorios, catálogos y bases de datos. Se trata de instrumentos, a veces, muy similares, pero que tienen sus peculiaridades y que, conociéndolos a fondo, permitirán búsquedas mucho más eficaces. Para trabajar con ellos es interesante que el bibliotecario prepare una serie de propuestas o estrategias de búsqueda guiadas que vayan introduciendo paulatinamente en cada una de las herramientas hasta dominarlas.  

Encontrar la información adecuada

Diccionarios, enciclopedias, atlas, anuarios, directorios... ¡Cuánta información! Las obras de referencia requieren un manejo muy particular, dado que cada una de ellas presta un servicio distinto. Un diccionario sólo ofrece la definición de una palabra de la lengua que se está manejando o su traducción, en el caso de los bilingües. Una enciclopedia proporciona información acerca de personajes, lugares geográficos y toda clase de contenidos de carácter científico, humanístico o literario. Los atlas, por su parte, permiten la localización rápida de elementos geográficos, bien físicos o políticos, e información sucinta sobre los mismos. Los anuarios, directorios, guías... ofrecen datos o informaciones puntuales para resolver dudas, para tomar decisiones o para acometer actuaciones. En este tipo de recursos documentales es donde la informática ha permitido un gran salto cualitativo, ya que la interactividad, las facilidades de búsqueda y el hipertexto, unidos a las conexiones telemáticas, ofrecen posibilidades casi infinitas. Es imprescindible preparar actividades específicas para conocer sus aplicaciones y aprender el manejo de cada una de ellas, tanto en formato impreso como electrónico.

«El tiempo es oro». Tomando como modelo de un programa de la televisión, se plantea un reto a través de una serie de preguntas o sentencias que llevan a la resolución de un enigma. Para ello, los participantes tienen que utilizar distintas fuentes de información –principalmente obras de referencia– en las que encontrarán las respuestas.

El viaje a través de... Con la estrategia de la preparación de un viaje, se propone a los participantes elaborar una guía que permita ir paso a paso por una ciudad, un país, un río..., mencionando aquellos lugares de interés o respondiendo a una serie de preguntas que el bibliotecario ha propuesto. Es una actividad muy apropiada para trabajar con los atlas, pero se puede complementar con enciclopedias e incluso con monografías sobre costumbres, geografía, etc. Esa misma propuesta se puede hacer para «viajar por el cuerpo humano», «viajar por el proceso de fabricación de un producto», «viajar en el tiempo a través de la historia»...

Índices, sumarios, glosarios... ¿Sabes orientarte? Con frecuencia, los alumnos de Secundaria, e incluso de Bachillerato, buscan información de forma desordenada y sin criterios en el texto de un libro, haciendo caso omiso de los instrumentos de consulta con los que cuenta la mayoría de las obras. Saber manejar índices, glosarios, bibliografías o gráficos puede ahorrar horas de trabajo. Conseguir que los muchachos se familiaricen con ellos no es una tarea complicada, pero hay que contemplarla dentro de la programación de las actividades de formación documental, no se puede dar por sabido. También se pueden presentar a los lectores obras carentes de dichos elementos y que sean los alumnos quienes los elaboren. Serán los primeros pasos para que, cuando tengan que enfrentarse a la redacción de un trabajo escrito, sepan planificarlo y realizarlo correctamente.

Los dosieres de prensa. Mantener operativo a lo largo del curso escolar un taller para la creación de archivos de prensa por el que vayan pasando distintos grupos de alumnos permite, por un lado, crear un fondo temático de gran interés para la realización de trabajos de todo tipo y, por otro, familiarizar a los alumnos con periódicos y revistas. Así después sabrán localizar, de forma autónoma, cualquier información de actualidad que necesiten. Estos dosieres se pueden elaborar en formato electrónico, creando un conjunto de carpetas y subcarpetas en el ordenador de la biblioteca, de donde cualquier usuario pueda tomar una información para satisfacer sus necesidades.  

Transformar la información y difundir nuevos conocimientos

El fichero o base de datos con reseñas bibliográficas, citas o direcciones URL. Cuando nos disponemos a redactar un texto, toda la información que se va recogiendo de aquí y de allá, con sus correspondientes referencias, se deben agrupar en un fichero, bien manual o automatizado. Las fichas manuales son muy operativas, funcionales y sencillas de manejar por los más pequeños del centro. Pero cuando el volumen de información va creciendo, una sencilla base de datos permite el manejo y recuperación de esa información con más facilidad.

Murales, carteles, paneles informativos... Una forma atractiva e intuitiva de presentar una información es a través de estos medios, aunque para ello se requiere algo que generalmente resulta difícil de conseguir a muchos lectores: capacidad de síntesis. Por eso, es una actividad de gran interés desde las edades más tempranas, aunque debe plantearse de forma gradual y manejando distintas técnicas expresivas, gráficas y tipográficas.

El periódico de una época o un lugar determinado. Un modo interesante de plantear el manejo de obras de historia, geografía y ciencias sociales en general, es presentar esa información en formato de periódico o revista. Algunas propuestas pueden ser «El periódico de mi ciudad hace 200 años» o «El periódico de una lejana región o país», de tal modo que toda la información se presente siguiendo las secciones habituales de un periódico y redactada con estilo periodístico.

Artículos para revistas y periódicos. Cuando los alumnos hayan adquirido ya cierto nivel tanto en el manejo de las fuentes y del lenguaje escrito como en la organización y presentación de sus trabajos, es el momento de que éstos salgan a la luz, bien a través de las propias publicaciones periódicas de la biblioteca escolar (en formato impreso o electrónico), bien a través de las de difusión general.

Uso de las TIC para que nos entiendan mejor. Los recursos tecnológicos ofrecen dos ventajas a la hora de presentar un tema: el atractivo que tiene para los chicos el manejo de distintos soportes y técnicas, y el refuerzo del mensaje escrito con imágenes y sonidos. Las grandes posibilidades que ofrecen las aplicaciones informáticas actuales permiten realizar trabajos con presentaciones de gran calidad y con acceso a todo tipo de recursos digitalizados: textos, imágenes, gráficos, música, etc. Pero antes de llegar a ese punto conviene emplear otros recursos como grabaciones en casete, dibujos y gráficos realizados en acetato o diapositivas que, como en el caso de las fichas de cartulina, son más manejables e intuitivas para los alumnos de los primeros cursos de la ESO.

El libro de... El gran reto que se puede plantear un profesor con su grupo de alumnos, con la inestimable colaboración del bibliotecario escolar, es la confección de un libro en el que se recojan los conocimientos alcanzados durante un curso escolar en un tema, un área o en un conjunto de ellas. Se puede decir que es el fin último de todo este proceso en el que se han planteado el conocimiento y manejo de todo tipo de fuentes documentales, y el tratamiento y presentación de la información en otro documento creado por los propios alumnos. Para ello habrá que echar mano de las técnicas y recursos que se mencionan más arriba, a los que se puede añadir todo el proceso de planificación y reparto de tareas, antes de la realización del mismo, así como un taller de encuadernación que permita recopilar todos los trabajos realizados en un solo volumen.


Este texto es una colaboración de José Antonio Camacho

 
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