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Los libros para niños ocupan el segmento más grande de títulos producidos y publicados en Argentina (22% del total). Según datos de PROMAGE, esa producción se concentra especialmente en treinta editoriales especializadas en literatura para chicos, que nutren el 60% del mercado. Que el infantil sea el segmento más copioso, sin embargo, no lo convierte en el más vendido: la ficción para adultos y la no ficción están primero en la lista.
Escritores e ilustradores, por igual, marcan el pulso de un segmento vital en la conformación de los nuevos lectores. “Argentina tiene un capital de autores único en la región”, dice Laura Leibiker, Directora Editorial de Literatura Infantil y Juvenil para Argentina y Chile en Editorial Norma/Kapelusz. “Hoy conviven tres generaciones posicionadas de escritores e ilustradores: aquellos que comenzaron a trabajar antes de la dictadura, los que empezaron con la vuelta de la democracia, y los más recientes. Existe una verdadera tradición”.
El mercado del libro infantil en Argentina tiene, además, dos particularidades. La primera es que está muy influido por las compras del sector público: tanto el Gobierno Nacional como el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires son grandes compradores de libros, adquiriendo, en el año 2012, cerca de un millón de ejemplares con los que nutren programas escolares y de fomento de la lectura en todo el país. La otra particularidad tiene que ver con el fuerte peso de ventas del libro reimpreso respecto de la novedad. En el año 2012, el 85% de la totalidad de las ventas de libros infantiles correspondieron a reimpresiones o a stocks de años anteriores.
El éxito de convocatoria de la reciente Feria del Libro Infantil y Juvenil en Buenos Aires, no sólo de pequeños lectores sino también de editores y libreros, nucleados en dos días intensivos de Jornadas Profesionales, da cuenta del interés persistente del argentino por el libro y la lectura. Sin embargo, quedan otros desafíos: según Antonio Santa Ana, autor infantil y antiguo editor del sector, una de las cuentas pendientes es la profesionalización de la gestión de la venta de derechos. “No hay agentes experimentados dedicándose de manera exclusiva a eso”, dice. Y desde luego, siempre se puede hacer más para ampliar la base de lectores. “El libro se debe defender de cada vez más diversiones y estímulos” apunta Leibiker. “Hay más competencia y por eso necesitamos más competitividad. Hay que incrementar las ventas, y no por cuestiones económicas, sino para generar una base de niños que se conviertan en adultos lectores”.
Fuente: Fundación El Libro
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