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Materiales y Recursos de la Biblioteca Escolar (Primera parte)

Introducción

Cuando a un maestro se le pregunta qué fondos tiene que haber en la biblioteca escolar su primera reacción es impulsiva: «¿Pues qué va a haber?: ¡libros!» Y evidentemente el docente no está errado porque no sólo sería absurdo organizar una biblioteca sin libros sino que también resultaría descabellado quitarle al libro su protagonismo dentro de una biblioteca escolar.

El objeto de este artículo es ayudar a los docentes y bibliotecarios escolares a tener presente a la hora de planificar con qué fondos va a contar su biblioteca dos cuestiones básicas:
 

  • La diferente tipología de libros.
  • La necesidad de convertir la biblioteca en una auténtica mediateca y, por tanto, abrir sus puertas a un espectro amplísimo y flexible de materiales y recursos.

Pero, ojo, al constituir el fondo de la biblioteca escolar debemos tener en cuenta no sólo criterios cuantitativos sino también cualitativos, es decir, el fondo ha de ser sobre todo variado y equilibrado, aunque no sea posible inicialmente una gran amplitud. Hay que pensar en formar una colección coherente, rica en perspectivas, matices, tipologías textuales, variada en escritores e ilustradores, colecciones, géneros y soportes; y en la medida de nuestras posibilidades lucharemos por su actualización. Habrá que tener un radar preciso para captar desfases conceptuales y formales y para localizar lagunas y materiales deteriorados que habrá que reparar inmediatamente o, en algunos casos, expurgar (sí, darlos para el reciclaje, que los libros no son sagrados).

Nuestro buen maestro de hace un rato, si le dejamos relajarse ante nuestra pregunta, seguro que argumentará que hoy en día resulta indiscutible que en una biblioteca, junto a los fondos bibliográficos, deben ofrecerse otros materiales. Pasamos a exponer la diversa tipología de recursos que sería fantástico que estuvieran en nuestras mediatecas escolares.

Materiales librarios
Estamos hablando de todos aquellas obras que vienen presentadas en el tradicional soporte bibliográfico. Aunque como se verá existen otros tipos de libros, vamos a centrarnos, sobre todo, en las obras de ficción y de no ficción.

Libros de ficción

También llamados «de imaginación», son aquellos en los que el autor hace partícipe al lector del universo imaginario que él ha creado. El niño puede así penetrar en otras vidas diferentes a la suya y ampliar sus experiencias. Han de reunir ciertas características: los textos estarán adecuados a la competencia lingüística de los lectores; las ilustraciones serán sugerentes, variadas, invitarán a la observación y se coordinarán con el texto.

Los géneros de los libros de ficción son: la novela (fábulas, historias de animales, mitos y leyendas, aventuras, historia, fantasía, amor, terror, misterio, etc.), el cuento, la poesía y el teatro; aunque habría que situar en un lugar independiente ciertas manifestaciones de la tradición popular (nanas, canciones de cuna, canciones de corro, trabalenguas, adivinanzas, fórmulas de juego…) que, por su valor rítmico y la presencia de la rima, se convierten muchas veces en el primer encuentro del pequeño con la poesía de calidad.

En cualquier caso, en nuestra mediateca habrán de estar presentes todos estos géneros literarios. Y como es de suponer que seremos una comunidad educativa con pocos medios económicos, deberemos escoger con el mismo rigor y sentido común que ponemos cuando gestionamos las finanzas del hogar: nada de comprar los libros por colecciones ni por autores, nada de guiarse sólo por los de gran éxito y la publicidad del momento; pongamos en nuestras estanterías un arcoiris de escritores e ilustradores, de colecciones y géneros, de temas y ambientaciones, de perspectivas y corrientes. Así, el niño podrá elegir con la seguridad de que está conociendo si no todas al menos una considerable muestra de vías de acceso a la lectura literaria.

Libros de no ficción

Se encuentran en este grupo las obras de consulta que poseen carácter documental y de referencia. Habremos de considerar que estén actualizadas, que posean índices claros que faciliten la búsqueda de determinada información, que sus textos estén adecuados a las capacidades de los usuarios y que posean elementos gráficos (mapas, esquemas, imágenes…) que enriquezcan el texto y favorezcan la comprensión.

Los libros documentales comunican hechos científicos, técnicos, históricos, geográficos, etc. Hacen posible el descubrimiento del mundo que nos rodea, ayudan a situarse en él y a satisfacer la curiosidad del lector y a resolver sus dudas. Pero no podemos olvidar que además de un material excelente para la investigación en el aula, para muchos niños son una auténtica (y a veces única) fuente de placer lector.

Estos libros no sólo estarán al alcance de los chicos más mayores; desde Educación Infantil podrán acceder a ellos. Eso sí, para los prelectores y lectores incipientes la sencillez expositiva y gráfica serán prioritarias. A medida que el nivel lector y la edad vayan siendo mayores, el libro documental será más preciso y actualizado en su información, sin olvidar por ello que un buen libro debe despertar la curiosidad del lector, incitar a la investigación y a profundizar más en el tema tratado.

Contaremos, pues, con libros documentales adaptados a las diferentes edades y también relativos a las diversas áreas de conocimiento, no sólo a las Ciencias Naturales: libros sobre animales, plantas y fenómenos naturales, sí, pero también sobre descubrimientos, inventos, experimentos, países y pueblos lejanos, cultura y tradición artística y musical, etc.

El bibliotecario se encargará también de elaborar dosieres documentales, tanto para los niños como para los maestros, en los que recogerá información sobre asuntos de plena actualidad y referida a temas locales, del barrio o de la comunidad educativa, ya que será difícil encontrar nada editado al respecto.

Los libros de referencia son obras de carácter general y su presencia en una biblioteca escolar es imprescindible como ayuda al estudio y apoyo a la investigación. Hay dos tipos de obras de referencia o consulta: las que proporcionan directamente la información que se busca (diccionarios, atlas, enciclopedias, anuarios, monografías) y aquellas que remiten a otras (bibliografías, catálogos). ¿Básicos? Enciclopedia infantil y general, diccionarios de la lengua española, autóctona y extranjera presente en el currículo y sinónimos y antónimos.

Entre las obras de No Ficción podemos situar también las obras de consulta de cada área curricular, que sirven de apoyo al libro de texto; los libros con juegos (poseen una clara dimensión lúdica al tiempo que estimulan la capacidad sensorial y el razonamiento infantil) y las diversas obras para profesores (de consulta, formación y literatura).

Difícil resulta situar los cómics entre los materiales librarios o no librarios porque hay opiniones para todos los gustos. Por eso los ubicamos en esta exposición topográficamente en la frontera entre unos y otros. Absurdo nos parece el debate porque lo que sí nos parece incuestionable es su idoneidad como materiales de lectura porque contienen todos los requisitos para despertar la motivación lectora de los niños y jóvenes: propuesta gráfica atractiva, policromática y ágil; textos breves, con un lenguaje significativo y cercano al mundo infantil y juvenil. Eso sí, busquemos historietas de calidad en su parte gráfica y en la expresividad y rigor de sus textos.

Este texto es una colaboración de Kepa Osoro

 

 
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