Buscar por    
Edad
  
País
  
  Género
  
Soporte
   
Temas
Estás en : Home  /  Biblioteca escolar  /   La evaluación de la lectura (Segunda parte)

La evaluación de la lectura (Segunda parte)

Actividades para evaluar la lectura1

Dada la complejidad del proceso lector, la amplitud de situaciones de lectura y la pluralidad de los materiales que se emplean, debemos estructurar la evaluación utilizando un abanico lo más amplio posible de actividades de modo que recojamos una información lo más completa y objetiva de cada alumno.

Actividades ¿Qué evalúan?
 

 

 

Preguntas

  • Escritas
  • Orales
  • Comprensión del texto.
    Capacidad de resumir.
    Capacidad de evocación: memoria.
Abiertas
  • Comprensión del texto.
  • Resumen escrito, estructura.
  • Capacidad de interpretación.
  • Memoria.
Cerradas
  • Respuestas múltiples
  • Verdadero o Falso
  • Comprensión (detalles para respuestas múltiples).
  • Memoria.
Lectura silenciosa cronometrada seguida de cuestionario sobre el texto leído (sin la presencia de éste).
 
  • Velocidad lectora.
  • Comprensión.
  • Memoria.
Lectura silenciosa con un cuestionario previo para buscar información.
  • Selección y búsqueda de información.
Reconstrucción de un texto.
  • Comprensión.
  • Síntesis.
  • Vocabulario y sintaxis.
Textos mutilados o desordenados.
  • Anticipación de hipótesis.

El aprendizaje de la lectura como un proceso diversificado y controlable
La apropiación de la lengua escrita es un proceso multiforme en el que los alumnos progresan a la vez en aspectos tan diversos como:  

  •  la velocidad de lectura;
  • el conocimiento de formas gramaticales propias del escrito;
  • la capacidad de encontrar información;
  • la manera de adentrarse en el mundo imaginario que se les propone.

La incorporación del alumno a la conciencia de todo lo que está aprendiendo a hacer es una condición indispensable para la realización de un aprendizaje efectivo y controlado.

Para esta finalidad hay que proponer a los chicos objetivos claros y concretos en su proceso de aprendizaje de la lectura. La representación gráfica de sus adquisiciones en las diversas habilidades puede ayudar a aclarar qué se está aprendiendo y dónde está cada uno respecto de los objetivos fijados.

La recapitulación de la tarea llevada a cabo en función de estos objetivos y la propia opinión del alumno sobre lo que ha aprendido le permitirán constatar sus avances a través de cuadros y gráficas, colgados en la clase o guardadas entre sus instrumentos y materiales de trabajo individuales.

Como en todos los procesos de aprendizaje hay que tener en cuenta que en la lectura se alternan grandes avances repentinos y apreciables externamente con períodos de estancamiento aparente en los que, sin embargo, los alumnos consolidan los aprendizajes hechos y se ponen las bases para los pasos siguientes. También pueden aparecer sentimientos de inseguridad ante el aumento de exigencia de la tarea a realizar

Para suavizar este salto en la exigencia lectora, tan habitual en una escuela que no ha tenido presente la continuidad de los aprendizajes lectores, sería conveniente que:  

  • se utilizasen textos más similares a los reales en el primer aprendizaje;
  • se mantuviesen muchas de las ayudas a la lectura que los niños encuentran en los primeros cursos;
  • se dispusiese, para estos casos, de cuentos y materiales de lectura que no identifiquen la longitud con el grado de complejidad, ya que a menudo el problema de los chicos que arrastran déficit en el mantenimiento de la atención, velocidad lectora, etc., se agrava por el desinterés causado por los textos, demasiado simples e infantiles, que se sienten capaces de leer.

Implicar a los alumnos en la evaluación significa también analizar conjuntamente sus dificultades concretas. El alumno ha de experimentar la sensación de que las causas por las cuales no entiende un texto pueden ser objetivadas y externas a él mismo. Si el maestro y el alumno consideran conjuntamente el problema, pueden llegar a descubrir las dificultades de un texto mal construido o con características que requieren unas habilidades que el alumno todavía no ha adquirido.

El lector podrá saber que no ha encontrado la información
  • por un error en la búsqueda en el índice
  • por el desconocimiento de los signos utilizados en el diccionario
  • por el error en la interpretación de una palabra desconocida
  • por falta de información previa requerida para entender las referencias que contenía una noticia
  • por no haber continuado leyendo de manera que el texto aclarase lo que parecía una incoherencia

Poder precisar las causas de la incomprensión hace que el lector pueda salir de la impresión nebulosa de que un texto no se entiende, o simplemente, que él no lo entiende, con la sensación de fracaso que la reiteración de esta experiencia implica. En cambio, el hecho de conocer, aunque se trate de conocer lo que no se sabe, produce siempre sensación de seguridad en el proceso de aprendizaje.

Discutir las soluciones a adoptar es la consecuencia lógica del análisis llevado a cabo y el alumno se sentirá interesado en él en la medida en que haya podido participar directa y personalmente en el análisis del problema.

Constituyen vías de progreso adecuadas tanto la referencia a los instrumentos de la clase que están a su disposición para superar los problemas (diccionarios, fichas individuales de ejercicios, informes con modelos de textos, etc.) como, muy a menudo, el intercambio con los compañeros, ya que el comentario colectivo o en pequeños grupos sobre la manera en que cada uno ha solucionado o acostumbra solucionar aquel tipo de problemas, el contraste comparativo de los recursos utilizados y la formulación final de reglas posibles pueden convertirse sin duda en ayudas incorporadas sólidamente por el lector para solucionar situaciones futuras.

 

Este texto es una colaboración de Kepa Osoro

(1) Proyecto Lector (2005). Madrid: Bruño, p. 36.

 
Envíanos tu comentario: