El valor educativo de la literatura
En el conjunto de la educación del hombre en una sociedad como la nuestra, dominada por la moderna tecnología y los medios de comunicación, ¿qué papel cumple la literatura? Aunque han sido muchas las propuestas de interpretación de la naturaleza de la literatura, algunas de las realizadas en los últimos años han coincidido al afirmar su valor educativo considerándola una vía privilegiada para acceder al conocimiento cultural y, con él, a la identidad propia de una colectividad. La literatura, como conjunto de historias, poemas, tradiciones, dramas, reflexiones, tragedias, pensamientos, relatos o comedias, hace posible la representación de nuestra identidad cultural a través del tiempo, a la vez que registra la interpretación que nuestra colectividad ha hecho del mundo, permitiéndonos escuchar las voces del pasado y conocer los progresos, las contradicciones, las percepciones, los sentimientos, las emociones o los gustos de la sociedad y de los hombres en diferentes épocas.
Sobre la incuestionabilidad del papel educativo de la literatura y de su función social, Darío Villanueva (1) ha señalado que puede desempeñar un papel insustituible para la recta formación de los ciudadanos en el sentido «plural y democrático», pero al preguntarse con qué método y a partir de qué teorías, indica que:
«Quizá el método inmediato y urgente que debe ser rescatado para la enseñanza de la literatura sea el de la lectura: aprender a leer literariamente otra vez. Porque paradójicamente esa competencia se está perdiendo.»
Al margen de las teorías de la literatura, en los últimos años se han resaltado los valores de la enseñanza de la literatura desde posturas más generales y menos especializadas (Daniel Pennac en Como una novela (2) y desde posturas meramente escolares (Gianni Rodari en Gramática de la fantasía (3). Para las modernas corrientes de crítica literaria (teoría de la recepción, intertextualidad, semiótica, deconstrucción y estudios culturales), los planteamientos historicistas de la enseñanza de la literatura resultan demasiado limitados. Probablemente, lo que hoy se necesite, más que enseñar literatura, sea enseñar a apreciar la literatura, o, en todo caso, poner a los alumnos en disposición de poder apreciarla y valorarla. Además, la próxima adaptación de la enseñanza universitaria al nuevo espacio europeo de educación superior exige cambios en los planteamientos didácticos, ya que no es lo mismo «formar al alumno» que «transmitirle conocimientos»: en el caso de la literatura, no es igual preparar al estudiante para que pueda apreciar y valorar las obras literarias (receptiva e interpretativamente) que transmitirle conocimientos o informaciones sobre movimientos, estilos, autores y obras.
Si estamos convencidos del papel de la literatura en el desarrollo completo de las capacidades de la persona, admitiremos que los textos literarios son hoy más necesarios que nunca. Pero la enseñanza de la literatura requiere que el profesor ponga a los alumnos en contacto con los textos, facilitándoles el acceso a los mismos y formándoles para comprenderlos y analizarlos con espíritu crítico.
La competencia literaria
En la enseñanza/aprendizaje de la literatura, las teorías literarias formalistas y estructuralistas han sido desplazadas por los estudios que atienden a la totalidad del discurso, por un lado, y al receptor y a las condiciones en que se produce la comunicación literaria, por otro, imponiéndose así conceptos como el de competencia literaria, en el sentido de que el discurso literario exige una competencia específica para su descodificación, ya que usa un lenguaje especial, con capacidad connotativa y autonomía semántica.
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La competencia literaria implica toda la actividad cognitiva de la lectura y mide el nivel de eficiencia del lector ante cualquier texto.
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Para favorecer la adquisición de la competencia literaria, el profesor de Literatura debe plantearse una enseñanza de la misma que tenga como objetivo que el alumno aprenda a leer, a gozar con los libros y a valorarlos, es decir, a hacer posible la experiencia personal de la lectura, que, por su parte, conllevará un conocimiento cultural variado, un análisis del mundo interior y la capacidad para interpretar la realidad exterior.
Este texto es una colaboración de Pedro Cerrillo
Notas:
1. Curso de teoría de la literatura. Darío Villanueva. Taurus. Madrid.
2. Como una novela. Daniel Pennac. Anagrama. Barcelona
3. Gramática de la fantasía. Gianni Rodari. Ediciones del Bronce. Barcelona
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