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¿Cómo es la labor de un traductor? Entrevista con Diego Álvarez


El proceso de traducción de un libro es una labor muchas veces no lo suficientemente valorada a pesar de su gran importancia. Según el informe Panorámica de la Edición Española de Libros 2015, la obra traducida representó el 16,2% de la edición española de libros (12.858 historias traducidas sin contar con las reimpresiones)

Habitualmente en España se traducen obras de más de cincuenta lenguas extranjeras, aunque el idioma más demandado es el inglés, al que siguen el francés, el alemán, el castellano y el japonés. Por comunidades autónomas, en Cataluña se registra el 45% de toda la obra traducida en el país, seguida de Madrid con 35,2%. 
 
La LIJ ocupa el segundo puesto en lo que se refiere a temática, con un 23,1%. Destaca también un dato: el 25% ya se publica en formato digital. Todos estos datos convierten a España en el segundo país con mayor número de traducciones del mundo.

Para hablarnos en profundidad sobre la labor de los traductores hemos entrevistado a Diego Álvarez, un profesional con experiencia internacional (ha trabajado para sellos franceses, alemanes, japoneses y británicos), que ha centrado especialmente sus esfuerzos en el mundo del cómic y en algunas experiencias ligadas a la industria del videojuego.
 
¿Cómo es el proceso completo desde que un traductor recibe un encargo hasta que sale a la luz el resultado definitivo? ¿Existe una comunicación constante con el editor? ¿Hay contacto con el autor?

El proceso varía bastante según la editorial, pero el estándar sería este: el traductor recibe un encargo, se acuerdan los plazos de entrega y la remuneración (idealmente con un contrato de traducción en el que se indican fechas y tirada, aunque en mi experiencia casi nunca lo hay); el traductor entrega su texto, el revisor lo devuelve con cambios y comentarios, el traductor da su visto bueno a esos cambios y se pasa el texto al maquetador. Después, lo ideal en el caso del cómic es que el traductor vuelva a echarle un vistazo al texto con los bocadillos ya rotulados, porque se pueden colar erratas en ese proceso, aunque no siempre hay tiempo. 
 
Lo normal es que haya comunicación con el revisor/editor durante el proceso de traducción y sobre todo el de revisión. Algunas veces se colabora más intensamente con el equipo de edición, por ejemplo con los títulos, que pueden ser complicados. A veces el título original tiene referencias culturales muy poco conocidas, o juegos de palabras sin equivalentes en castellano. Uno de los ejemplos más recientes que recuerdo fue el de Carnet de santé foireuse, de Pozla. Estuvimos semanas dándole vueltas al título en castellano con la editora hasta que encontramos uno que nos pareció bien a los dos. Creo que barajamos más de diez, entre todas las propuestas.
 
Me he puesto en contacto varias veces con autores, en alguna ocasión directamente y en otra a través del editor. Es interesante hablar con el autor si hay posibilidad, aunque no siempre sirve de ayuda. Recuerdo una vez que cometí el error de pedirle a un autor consejo a la hora de traducir el título de una novela gráfica que en el idioma original tenía un juego de palabras. Le comenté las posibilidades que nos estábamos planteando el editor y yo, y él escogió la que me parecía peor. 
 
¿Existen diferencias a la hora de afrontar un trabajo en formato cómic frente a otros tipos de narrativa?

Sí, diría que la principal es el tamaño de los bocadillos, sobre todo cuando el texto original es inglés, ya que el castellano usa más palabras. Eso supone una limitación de espacio que siempre hay que tener en mente y que puede condicionar la traducción. 
 
Otra diferencia puede ser la enorme cantidad de onomatopeyas con las que hay que lidiar al traducir tebeos. Hay algunas que ya están más o menos estandarizadas, pero muchas otras hay que buscarlas. A mí me ayuda bastante intentar reproducir con la boca los ruidos que tengo que transcribir. Mi pareja ya no se sorprende al oírme hacer sonidos extraños sentado frente al ordenador...
 
¿Crees que los traductores deben tener alguna formación complementaria a la hora de afrontar el trabajo con todas las garantías o la carrera específica aporta todos los conocimientos y claves para ello?

La carrera de traducción es muy completa y en mi opinión no hace falta formación complementaria para ser traductor, aunque lo que hace que un traductor sea bueno es la experiencia. Yo me licencié en traducción hace 15 años y lo que aprendí en la carrera es la base sobre la que voy añadiendo lo que llega con la experiencia. 
 
También es esencial sentir mucha curiosidad por el idioma y la cultura de lo que se traduce, y por supuesto, por el idioma y la cultura propios. 
 
No es imprescindible sentir pasión por el área en la que uno se especializa como traductor, pero las carreras profesionales de quienes tienen esa suerte suelen ser más largas y prósperas. En mi caso han sido los cómics, junto con la publicidad y los juegos, pero cada uno tiene sus vicios; lo mejor es ir a por ellos.
 
En Canal Lector siempre hemos luchado por visibilizar la imprescindible labor de tu colectivo, ¿por qué crees que muchas webs y revistas, e incluso editoriales, siguen sin mostrar los nombres de los que realizáis este trabajo ¿Pasa en otros países de Europa?
 
En el Reino Unido y en Francia, que son los casos que mejor conozco, el traductor literario tiene mucha más visibilidad que en España. Su nombre aparece en portadas con frecuencia y en algunos casos incluso se publica una breve biografía o un currículo en las primeras páginas o en la contra. 
 
No tengo claro por qué en España no se les da la visibilidad que se debería. Supongo que es por costumbre y quizá también se deba a que a la traducción no se le da mucha importancia en general. Los lectores españoles somos pocos —creo que España tiene uno de los índices de lectura más bajos de Europa, terceros empezando por la cola, delante de Portugal y Grecia— y no valoramos mucho la calidad de las traducciones. Y si el público no es exigente, los editores tampoco. ¿Para qué gastar en algo que no tiene ningún impacto en las ventas? Desde el punto de vista de un editor es preferible invertir en publicidad.
 
En los años que llevo traduciendo, la idea sobre la traducción con la que más me he encontrado —tanto por parte de clientes como del público— es que cualquiera con un rato libre y un par de diccionarios puede ser traductor. Tienen razón. También cualquiera con un pincel y pinturas puede ser pintor. ¿Por qué no? Lo que hay que saber es que algunos pintan el Cristo de Borja y otros el Gernika. Las dos obras tienen su público y su momento, pero son muy diferentes.
 
Con frecuencia asistimos a proyectos editoriales que adaptan textos para jóvenes lectores, cuando muchos de ellos tienen un bagaje que ya quisieran muchos adultos ¿Qué opinas de este tipo de propuestas? ¿Cómo es la labor del traductor en esos procesos?
 
No conozco estas adaptaciones, pero en principio no me parecen mala idea. Creo que la lengua está viva y se debería poder jugar con ella. Sería un error venerarla como si fuese una reliquia porque acabaría transformándose en eso: algo muerto e inútil. Traducir es hacer que el espíritu de un texto llegue a los lectores a través del tiempo y las lenguas. Si eso se logra simplificando el lenguaje, adelante. 
 
¿Existen algunos traductores de renombre dentro de la Literatura Infantil y Juvenil que supongan un incentivo para tu trabajo? ¿Y en el cómic?
 
Me avergüenza reconocer que no leo traducciones si puedo evitarlo. Supongo que soy el equivalente a un carnicero vegetariano. Me voy a poner a ello, que ahora que estoy en Madrid lo tendré más fácil.
 
¿Consideras fundamental que para ser buen traductor hay que ser buen lector?
 
Por supuesto. Para escribir bien hay que leer mucho, pero sobre todo hay que escribir mucho, cometer muchos errores, escuchar siempre a quienes te corrigen y hacerles caso de vez en cuando.
 
¿Relees una y otra vez el resultado de todo el trabajo? ¿Es la traducción un proceso que puede alargarse excesivamente en el tiempo? ¿Suele haber agobios con los plazos?
 
Es curioso, pero al corregir un texto propio es como si la vista se volviese insensible a los errores, por groseros que sean. Es imprescindible trabajar con un revisor que relea todo el texto y proponga cambios. Lo que sí hago a veces, cuando hay tiempo, es repasar el texto una vez que esos cambios están metidos y los bocadillos están rotulados.
 
Los plazos para la traducción de cómics son bastante cómodos, nunca he tenido que trabajar verdaderamente apurado. En otros sectores, como la publicidad, sí que hay plazos muy justos, de los de trabajar en fin de semana.
 
¿Has traducido álbum ilustrado o poesía? Entendemos que puede ser más complejo el trabajo en estos géneros y formatos ¿cómo se afronta?
 
He traducido un poco de poesía, pero siempre dentro del cómic o en un entorno académico. He disfrutado mucho haciéndolo, pero hay que dedicarle muchísimo tiempo para conseguir resultados decentes. 
 
¿Cómo ves el presente y futuro de la traducción en España? ¿En qué aspecto se están produciendo las mayores innovaciones en este sector?
 
La traducción literaria, afortunadamente, sigue siendo muy artesanal. Lo único que ha cambiado es que ahora hay correctores de texto incorporados en estas nuevas "máquinas de escribir" que son los ordenadores, y que los diccionarios y enciclopedias son mucho más accesibles.
 
El resto de las traducciones se hace cada vez más con la ayuda de programas de traducción asistida. Las últimas versiones de algunas de estas herramientas ya predicen las palabras que vas a escribir y te ofrecen la posibilidad de insertarlas en el texto con una combinación de teclas rápida. Creo que en pocos años los programas de traducción automática harán la inmensa mayoría de las traducciones especializadas, como las de textos legales, muy técnicos, médicos o farmacéuticos, casi sin intervención humana.
 
 

 

 
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