Mucho tiempo antes de que nosotros llegáramos, la "mala" hierba ya estaba ahí. Los rastrojos han crecido sumando el valor de la experiencia que otorga nacer en la naturaleza y ver pasar los días con reposo. Cuando acechan la vivienda en la que residen padre e hija, el progenitor trata de poner a salvo a la pequeña, aconsejando que se mantenga lejos de esas plantas rebeldes. Pero el pasto salvaje no admite límites, permisos o restricciones, y decide seguir avanzando. Al mismo tiempo la niña, sabia y tan rebelde como su presunto "antagonista", toma el camino valiente de fundirse con la naturaleza y aprovechar su callada sabiduría para germinar nuevos y armónicos procesos. Una metáfora gráfica, diseñada con personajes y bellos escenarios nacidos de la observación cotidiana y retratados con un delicado proceso artesano, como demuestran los esbozos que, a modo de boceto, se incluyen en la parte final; con posterior retoque de color que intensifica el mensaje subyacente. Las autoras invitan a sentir de cerca cada pequeño e inadvertido aspecto del medio ambiente y a escuchar con atención su lenta pero segura enseñanza, por encima de advertencias y mensajes generalistas.
Otros proyectos gráficos de Karina Cocq en CL
Mucho tiempo antes de que nosotros llegáramos, la "mala" hierba ya estaba ahí. Los rastrojos han crecido sumando el valor de la experiencia que otorga nacer en la naturaleza y ver pasar los días con reposo. Cuando acechan la vivienda en la que residen padre e hija, el progenitor trata de poner a salvo a la pequeña, aconsejando que se mantenga lejos de esas plantas rebeldes. Pero el pasto salvaje no admite límites, permisos o restricciones, y decide seguir avanzando. Al mismo tiempo la niña, sabia y tan... Seguir leyendo
Mala hierba

Era la maleza alrededor de una casa.
Era una niña en el interior de esa casa.
La maleza quería entrar.
La niña, salir.
"Todos lo sabemos", dijo el padre,
"las niñas buenas deben estas dentro de casa y la maleza fuera, lo más lejos posible.
No vaya a ser que se les ocurre