Corría el año 2006 cuando Santiago García-Clairac, que venía de obtener el Premio Cervantes Chico, estrenó en la editorial SM una ambiciosa trilogía cuya presentación tuvo a la Fundación Germán Sánchez Ruipérez como una de sus paradas. Aquella puesta de largo, de la que conservamos muchos archivos gráficos, evidenció, por la respuesta de los jóvenes estudiantes y miembros del club de lectura asistentes, que estábamos ante el nacimiento de una serie que, con el paso del tiempo, se convertiría en canónica en el marco de la literatura juvenil. La reedición, a manos de la joven editorial Serendipias de Tinta, confirma aquellas sensaciones, ofreciendo a las nuevas generaciones de lectores la oportunidad de descubrir, ahora en seis volúmenes gracias a la revisión de los textos que ha realizado el autor; las andanzas de Arturo Adragón. Una excelente novela fantástica, que en su día superó las 150.000 copias vendidas, sazonada con los mejores rasgos del género: el uso de la magia y lo sobrenatural como elementos vehiculares, tanto en el argumento como el carácter de los protagonistas y en las ambientaciones; y una nómina de valientes caballeros, mujeres intrépidas, bestias míticas y búsquedas incansables...
Otras obras del autor en Canal Lector
Corría el año 2006 cuando Santiago García-Clairac, que venía de obtener el Premio Cervantes Chico, estrenó en la editorial SM una ambiciosa trilogía cuya presentación tuvo a la Fundación Germán Sánchez Ruipérez como una de sus paradas. Aquella puesta de largo, de la que conservamos muchos archivos gráficos, evidenció, por la respuesta de los jóvenes estudiantes y miembros del club de lectura asistentes, que estábamos ante el nacimiento de una... Seguir leyendo
El ejército negro

La primera página de la leyenda de Arturo Adragón, el valiente caballero que lideró un ejército increíble y fundó un mítico reino de justicia, libre de guerras, tiranía y brujería, se escribió una noche, cuando veinte soldados a caballo invadieron la calle principal de la aldea de Drácamont.
Envueltos en gruesas capas de paño, armados hasta los dientes, pertrechados con cota de malla, yelmos y escudos, estos jinetes venían para cumplir una misión que solo podía realizarse al amparo de la oscuridad, que es cuando se llevan a cabo las mayores infamias.