El Premio Ala Delta 2026 de literatura infantil, otorgado por la editorial Edelvives, recayó en la autora valenciana Lola Llatas, con una propuesta muy diferente a lo que nos hemos encontrado en los últimos años en este tipo de galardones. Igualmente sale de la norma Ana Sanfelippo, que apuesta por un proceso artesanal para configurar las simpáticas y coloridas ilustraciones que aderezan la obra. La trama presenta a Luis Alfonso, recién llegado a un nuevo barrio tras la mudanza de la familia. Aunque echa de menos su vida anterior, pronto se fija en elementos sugerentes que asoman entre los altos edificios, por ejemplo una casa sobre cuya dueña recaen algunos prejuicios y leyendas sin confirmar. La imaginación desbordante del niño insufla vida a algunos de los objetos con los que convive, e incluso condiciona las primeras relaciones que establece en el entorno. Tras conectar con la enigmática mujer, Violeta, a través de Mora, la primera visita a su jardín confirma la fascinación del protagonista por las cosas que cuenta y comparte. De su mano aterrizará poco a poco con agrado en la vida cotidiana del barrio, realizará algunos aprendizajes, comerá paella, se sentirá más seguro en la escuela e incluso reforzará los vínculos en el entorno familiar. Hasta que se producen algunos hechos inesperados, sucesos que se transforman en agradecimientos, reconciliaciones y nuevas ilusiones al calor del parque. Una floresta que, desde hoy, tiene un nombre muy especial...
El Premio Ala Delta 2026 de literatura infantil, otorgado por la editorial Edelvives, recayó en la autora valenciana Lola Llatas, con una propuesta muy diferente a lo que nos hemos encontrado en los últimos años en este tipo de galardones. Igualmente sale de la norma Ana Sanfelippo, que apuesta por un proceso artesanal para configurar las simpáticas y coloridas... Seguir leyendo
El jardín de los balones perdidos

El barrio nuevo
El edificio de la casa nueva es tan alto y delgadito que es como si hubiera intentado colarse entre los edificios contiguos hasta quedarse atrancado.
Ni para adelante ni para atrás.
Me lo imagino diciendo: "Paso, paso, creo que cabemos todos", y a los edificios de al lado mirándolo como miran a mamá en la playa cuando quiere plantar la toalla sea como sea.
Eso sí que son miradas y lo demás tonterías.