Desde siempre, el parchís ha sido una distracción ideal para reunir a la familia o a los amigos y competir amistosamente en torno a la mesa (hay constancia de juegos similares ya en el siglo XVI, en la India). Cuando gata decide aplacar el frío con una taza de leche bien caliente, piensa en que un manjar como ese solo se disfruta en plenitud en la mejor compañía. El camino a las casas del resto de la pandilla se transforma en un relato acumulativo en el que cada invitado sugiere un complemento extra para enriquecer la tertulia y en el que, inevitablemente, se producen algunas pequeñas sorpresas. Tras un lúdico preludio en el exterior, la casa de la colina sirve como improvisado refugio para compartir viandas, ilusiones, buenos deseos y, por supuesto, una buena partida con cubiletes, dados y fichas de colores. Una apología del tiempo de felicidad que se vive en compañía de los amigos, con el simple nexo de un tablero y unas sencillas reglas que han dado muchos momentos inolvidables, seguro, a todos los lectores. María Girón compone cándidos y acogedores escenarios, a pesar del frío, por el que deambulan animales humanizados que, como los humanos, tratan de unir optimismos y buen humor ante los presentes grisáceos. Junto al libro, la artista barcelonesa nos regala un exclusivo y elegante diseño para que todos, tras la lectura, recuperemos la práctica de este divertido pasatiempo recordando a los protagonistas del relato.
Desde siempre, el parchís ha sido una distracción ideal para reunir a la familia o a los amigos y competir amistosamente en torno a la mesa (hay constancia de juegos similares ya en el siglo XVI, en la India). Cuando gata decide aplacar el frío con una taza de leche bien caliente, piensa en que un manjar como ese solo se disfruta en plenitud en la mejor compañía. El camino a las casas del resto de la pandilla se transforma en un relato acumulativo en el que cada invitado sugiere un complemento extra para enriquecer la... Seguir leyendo
PARCHÍS

Aquella mañana de invierno la nieve brillaba bajo el sol.
En la casa del río, Gata miraba por la ventana.
Era un día ideal para tomar una taza de leche bien calentita.
Gata pensó que, si iba a buscar a alguien más, la leche estaría más sabrosa.