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Cómo hacer lectores en Secundaria (Segunda parte)

Desarrollo de la competencia lectora
Como es sabido, PISA nos ha pisado a todo el mundo, no solamente a las políticas educativas de ciertas autonomías, sino, muy especialmente, al profesorado, que ha quedado como un inútil. Lo cual no es justo.

Independientemente de que estemos o no de acuerdo con ciertos planteamientos ideológicos y didácticos con PISA –yo, desde luego, no lo estoy–, lo cierto es que acierta al establecer como un objetivo prioritario del sistema educativo, no hacer lectores, sino hacer lectores competentes. Claro que su definición de competencia es de las que echan para atrás: «paquete multifuncional y transferible de conocimientos, destrezas y actitudes que todos los individuos necesitan para su realización y desarrollo personal, inclusión y empleo».

Reducido a lo principal digamos que una competencia es un conjunto de conocimientos mediante los cuales el individuo intenta salir airoso de una situación o contexto –en nuestro caso, de aprendizaje lector– que le resulta más o menos problemática. O, como dice uno de sus expertos, «una capacidad de movilizar diversos recursos cognitivos para hacer frente a un tipo de situaciones» (Perrenoud). Dicho de forma más resuelta, sería una capacidad movilizada. Una capacidad que está en el propio sujeto, y que alguien, en nuestro caso el profesorado, debe movilizar.

En el caso de la lectura, estas capacidades o destrezas, tienen nombre. Consisten básicamente en reconocer, interpretar, valorar y organizar.
El desarrollo sistemático de estas habilidades da paso al cultivo de una competencia lectora del alumnado, que, al final de un ciclo, podría catalogarse de óptima y exitosa.
Lo mejor que se puede decir de este enfoque es que está directamente enfocado a atajar las causas cognitivas que generan la incompetencia lectora de la mayor parte del alumnado.

Así que, llegados hasta aquí, bien podríamos preguntarnos: entonces, ¿qué es un lector competente? Un lector competente es aquel sujeto capaz de leer con precisión y rapidez; alguien que ha desarrollado un conjunto de habilidades y destrezas que le permiten comprender los textos que lee y, por consiguiente, interactuar con ellos, manipularlos y transformarlos en función de una situación o contexto personal. Transformarlos o transferirlos a otras situaciones, del aprendizaje o de la vida misma.

En definitiva: un lector competente es una persona que comprende lo que lee.

Por tanto, lo que se necesitaría saber es cuáles son las exigencias, los niveles de comprensión que el acto lector exige.
Grosso modo, podrían establecerse los siguientes: nivel de comprensión literal-global, nivel de comprensión inferencial-interpretativo, nivel de comprensión valorativo y nivel de comprensión organizativo.
Siendo lógicos con esta descripción, cabe decir que un lector competente será aquel que sabe identificar, reconocer y recordar lo que lee; sabe interpretar lo que se dice y lo que se quiere decir en el texto; sabe valorar la forma y el contenido de lo que se dice en los textos; y, finalmente, sabe organizar y reorganizar lo leído en forma de resúmenes y esquemas, mapas conceptuales u otras formas visuales de resumir.

Como orientación descriptiva de lo que aquí se ha dicho, el cuadro siguiente sería un excelente resumen de lo mismo.

COMPETENCIAS LECTORAS1 POSIBLES ACTIVIDADES / ESTRATEGIAS
Recordar/Reconocer
  • Recordar datos para responder a preguntas.
  •  Recordar detalles.
  • Localizar, identificar y comprender información.
  • Retener lo más relevante.
Interpretar
  • Determinar el emisor, destinatario, finalidad.
  • Asociar ideas con párrafos de los textos.
  • Formarse una opinión.
  • Captar el sentido de un párrafo.
  • Establecer jerarquía entre ideas.
  • Obtener diversas ideas, principales, secundarias…
  • Deducir ideas implícitas.
  • Predecir lo que sucederá.
  • Deducir conclusiones.
  • Comparar y contrastar información.
  • Realizar inferencias.
Valorar
  • Considerar críticamente el contenido.
  • Posicionarse ante la representación de la realidad presentada en el texto.
  • Diferenciar lo verdadero de lo falso.
  • Diferenciar lo real de lo imaginario.
  • Separar y clasificar ideas/hechos.
  • Relacionar elementos textuales entre sí.
  • Generalizar o matizar.
  • Relacionar texto y vida.
Organizar
  • Elegir un título para cada párrafo.
  • Establecer consecuencias.
  • Analizar coherencia, cohesión, adecuación.
  • Evaluar el impacto de ciertas características lingüísticas.
  • Descubrir rasgos subyacentes e identificar matices.
  • Seguir órdenes y aplicar instrucciones.
  • Hacer esquemas y mapas conceptuales.
  • Completar estructuras.
  • Resumir.

A ello habría que añadir un modelo de secuencia didáctica. La propuesta que aquí se expone contempla tres momentos importantes específicos y que conviene no saltarse: el antes, el durante y el después de la lectura.
Cada uno de ellos, como puede verse en el siguiente cuadro, contempla una serie de actividades2.

Antes de leer
  • Prestar atención al título: qué dice, cómo lo dice, qué sugiere.

  • Relacionar título con el posible contenido.

  • Formular hipótesis acerca del contenido.

  • Concretar objetivo o finalidad lectora.

  • Diagnosticar qué y cuanto sabe el lector sobre el texto-tema-título (activar conocimientos previos del alumnado).

  • Enseñar previamente el vocabulario necesario.

  • Precisar cómo se leerá: subrayando…

  • Constatar estructura del texto mediante diagramas y dibujos.

Durante la lectura
  • Reconducir la lectura mediante preguntas explícitas o inferenciales.
  • Revisar o recapitular periódicamente el contenido.
  • Modificar o confirmar hipótesis.
  • Aclarar dudas de léxico y expresiones.
  • Evaluar el contenido y la forma del texto en relación con el propio conocimiento y la lógica.
Después de la lectura
  • Estrategias de preguntas literales.
  • Estrategias elaborativas para generar inferencias, conclusiones, implicaciones; evocar, asociar, relacionar ideas, hechos, estructuras.
  • Volver a relacionar título y contenido.
  • Confirmar o negar hipótesis.
  • Deducir ideas, intenciones.
  • Generar proyecciones prácticas.
  • Generar inferencias lógicas.
  • Resumir y sintetizar el conocimiento.
  • Generalizar el conocimiento.

Ni qué decir tiene que este planteamiento metodológico sirve para explotar didácticamente todo tipo de textos: narrativos, descriptivos, expositivos, argumentativos, poéticos e instructivos.

Afrontar de forma explícita y directa las dificultades reales de comprensión lectora

Este enfoque parte de las dificultades de lectura comprensiva que se detectan en el alumnado de una manera individual o colectiva.
Para ello, es necesario elaborar de forma exhaustiva y concreta cuáles son esas dificultades y, una vez enumeradas, precisar el medicamento adecuado para intentar solucionarlas.
Este enfoque tiene a su favor el hecho de que las actividades propuestas buscan de modo específico la superación de un problema real de comprensión.
Una lista de estas dificultades, en las que pueden verse retratados un sinfín de alumnos –pero no todos– podría ser:

Lista de dificultades
  • Problemas derivados de una deficiente percepción gráfica.
  • Problemas derivados de una deficiente percepción visual.
  • No distinguen entre ideas y hechos.
  • Identifican de forma incompleta las ideas del texto.
  • Presentan una ausencia alarmante de conocimientos gramaticales.
  • Desconocen los mecanismos para extraer información significativa de los índices no verbales, las ilustraciones, imágenes, pie de fotos.
  • No saben hacer inferencias.
  • No saben suplir lo implícito o lo elíptico.
  • No saben representarse la situación comunicativa.
  • No saben relacionar las informaciones de un fragmento con otro.
  • No saben deducir, interpretar, valorar, organizar lo que leen.
  • Presentan problemas de atención y de observación.
  • No saben utilizar la memoria analógica.
  • No saben predecir.
  • Presentan una falta alarmante de conocimientos sobre los referentes del texto.
  • Ignoran el sentido de las palabras.
  • ...

Cualquiera de estas dificultades o problemas de comprensión lectora pueden servir para elaborar todo un plan estratégico de mejora de la competencia lectora del alumnado.
¿Qué los alumnos no saben inferir? Elijamos unos buenos textos –narrativos, expositivos, poéticos, argumentativos– y, a continuación, preparemos una serie de actividades tendentes a satisfacer el objetivo propuesto.
Y así con el resto de las dificultades. El método no falla. Quien lo probó lo sabe.

Este texto es una colaboración de Víctor Moreno

(1) MORENO, V. (2004): Lectores competentes. Madrid: Anaya. Y un desarrollo de estos planteamientos, ofreciendo un conjunto de actividades para el alumnado, véase:

  • (2006): Recordar y Reconocer (I) y (II), Cuaderno de actividades para desarrollar la competencia lectora. Destrezas básicas. Pamplona: Cènlit.
  • (2006): Interpretar (I) y (II). Cuaderno de actividades para desarrollar la competencia lectora. Destrezas básicas. Pamplona: Cènlit.
  • (2006): Valorar (I) y (II). Cuaderno de actividades para desarrollar la competencia lectora. Destrezas básicas. Pamplona: Cènlit.
  • (2007): Organizar. Cuaderno de actividades para desarrollar la competencia lectora. Destrezas básicas. Pamplona: Cènlit.

(2) MORENO, V. (2004):

  • El deseo de leer. Pamplona: Pamiela.
  • (2003) Leer con los cinco sentidos. Pamplona: Pamiela.

 

 
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