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Abrimos este documento con la intención de que se convierta en una columna sobre la que pueda apoyarse una de las actividades imprescindibles que ha de desarrollar cualquier grupo humano a la hora de poner en marcha cualquier proyecto: la reflexión, el debate sobre el modelo de institución que quiere llevar hacia el futuro. Sirvan estas ideas como una actividad de contraste y como un acicate generador de polémica y controversia para que se vayan clarificando las posturas y los planteamientos dentro de la escuela.
Hablemos claro: la biblioteca escolar es un derecho irrenunciable (1) de todos nuestros estudiantes no universitarios. Tenemos la obligación de darles una formación que les facilite las herramientas intelectuales y técnicas necesarias para manejar la avalancha de información que se les viene encima, que les ayude a desarrollar un espíritu crítico ante la manipulación de los medios de comunicación, que les aporte los mecanismos intelectuales para saber escoger, decidir, interpretar, cuestionar y reelaborar la información de cara al logro de unos criterios personales, libres y equilibrados.
Esa formación sólo será viable si la biblioteca se convierte en el corazón de la escuela, el eje sobre el que gire todo el desarrollo del currículo, el motor del cambio y la mejora, en primer lugar, del sistema educativo, y, más tarde y como consecuencia, del entramado social en todos los aspectos culturales, éticos y estéticos.
Pero no estamos reivindicando espacios espléndidos y dotación de materiales excelentes. Estamos, en primer lugar, asumiendo el compromiso de que poner en marcha este tipo de biblioteca conlleva adoptar una actitud autocrítica que nos permita enarbolar con energía la transformación didáctica que se habrá de producir en las aulas y en las relaciones entre los agentes del proceso de enseñanza y aprendizaje.
Esta es la biblioteca escolar que queremos
Nuestra biblioteca escolar será un centro de recursos multimedia al servicio de la comunidad escolar plenamente integrado en los proyectos educativo y curricular del centro y que fomente métodos activos de enseñanza y aprendizaje.
Pero también será un centro de recursos intelectuales generador de una dinámica transformadora que traiga el cambio curricular y, más tarde, una nueva sociedad más justa y crítica. Se convertirá en un espacio para la enseñanza de las técnicas de estudio y de trabajo intelectual, técnicas de tratamiento e interpretación de la información y de los lenguajes audiovisuales.
El objetivo principal de la biblioteca escolar será formar lectores polivalentes capaces de comprender y expresarse en cualquier lenguaje (escrito, cinematográfico, musical, plástico...), que tengan la posibilidad de aprender por sí mismos cualquier cosa que les interese y de acceder a cualquier ámbito de la cultura que pueda formar globalmente su personalidad.
Estamos hablando de una biblioteca viva, del modelo moderno y el único operativo de cara al futuro, no de un contenido curricular más o de una visita cultural trimestral. La concebimos y utilizaremos como un centro de aprendizaje, comunicación, información y ocio, como verdadero núcleo de la labor educativa y como fuente de documentación e investigación.
Compromisos que exige la biblioteca escolar
Al profesorado
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La biblioteca no ofrecerá soluciones mágicas ni fáciles a los múltiples problemas que tiene la escuela actual. Eso sí, podrá llegar a ser una tierra fértil sobre la que brotará un bosque exuberante de conocimiento y crecimiento personal si los maestros están dispuestos a llevar a cabo una revolución consensuada y tolerante, realista pero valiente. Y, por supuesto, habrá que fertilizar el terreno con respeto, diálogo, cooperación, igualdad, honestidad y sentido común.
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El profesorado se ha de comprometer a hacer de la biblioteca escolar un auténtico centro de recursos, un manantial eterno de información, de sugerencias, de actividades socioculturales y a la vez festivas, una fuente inagotable de herramientas para ampliar el conocimiento y, al mismo tiempo, la cuna de la fantasía, el hogar de lo poético, el rincón de la palabra serena, la amistad, la libertad y los sueños.
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No hay medios ni económicos ni humanos suficientes, de acuerdo, pero al mismo tiempo que los reivindicamos tenemos que aceptar el reto de llevar a cabo proyectos comprometidos e innovadores.
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Los docentes deben estar decididos a transformar sus hábitos didácticos y a elaborar coherentes y minuciosos Proyectos de Lectura, Escritura y Biblioteca.
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Ha de favorecer las nuevas relaciones que se construirán entre docentes y estudiantes (enriquecimiento mutuo, mayor flexibilidad, incremento del protagonismo del aprendiz...).
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Introducirá una didáctica basada en el manejo de diferentes fuentes documentales y el autoaprendizaje.
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Aceptará voluntariamente y con entusiasmo una dinámica de autoformación, que le haga apto para poner en manos de sus alumnos las tecnologías avanzadas del conocimiento y la comunicación.
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Ofrecerá una mayor personalización en su docencia introduciendo herramientas que favorezcan la evolución de los diferentes ritmos y que equilibren las desigualdades.
A los alumnos
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Deberán estar dispuestos a asumir el papel de protagonistas de su propio aprendizaje.
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Aceptarán el riesgo de desarrollar al máximo sus propias capacidades y de abrir su mente a los nuevos conocimientos y las nuevas tecnologías.
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Participarán en el proceso con espíritu crítico y creatividad.
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Habrán de ser respetuosos con los ritmos de los demás y de descubrir las ventajas del trabajo en equipo y la colaboración con otros estudiantes y con los profesores.
Este texto es una colaboración de Kepa Osoro
(1) OSORO, K. [coord.] (1998): La biblioteca escolar: un derecho irrenunciable. Madrid, Amigos del Libro Infantil. En esta obra se recoge un buen puñado de reflexiones que ayudarán al lector a clarificar sus dudas.
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