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Cómo dar vida a la Biblioteca Escolar en Secundaria (Primera parte)

Introducción

Una biblioteca, al igual que el centro educativo del que depende, o es una «biblioteca viva» o no es una biblioteca. No se trata de disponer de un gran local, de los mejores equipamientos, de un magnífico fondo documental o de las herramientas más modernas para el tratamiento y el acceso a la información. Todo eso es necesario para que exista una buena biblioteca, pero la «vida» se la dan las personas que la gestionan y los lectores que hacen uso de ella.

Una biblioteca es, ante todo, un conjunto de servicios que se ofrecen a una comunidad. En el caso de un centro educativo nos referiremos a la comunidad educativa. Alumnos, profesores y familias necesitan este centro de documentación para satisfacer sus necesidades de información y documentación, en unos casos comunes y en otros específicas.

Los alumnos, para llevar a cabo su proceso de aprendizaje global, en cualquiera de las áreas del currículo. Los profesores, para dar respuesta a la didáctica de cada una de sus materias, a los procesos de investigación e innovación, a la formación continua y a la información profesional. Las familias, por su parte, dispondrán de aquella información y documentos que pueden ser útiles en su tarea educativa. Y todos ellos podrán satisfacer sus necesidades de información general, referencial, local, de ocio, etc.

La imaginación será una aliada permanente en la tarea del bibliotecario y de las personas que colaboren con él, de tal modo que la biblioteca se encuentre en proceso de renovación constante, manteniendo su atractivo y dando la mejor respuesta a cada una de esas necesidades.

Por otra parte, una biblioteca escolar debe, ante todo, preparar a los jóvenes para desenvolverse en cualquier centro de documentación y para continuar los procesos de autoformación, una vez terminada la escolaridad obligatoria. De ahí que se plantee en este artículo un proceso que puede ser secuencial o simultáneo, pero en el que se han de contemplar cada una de las etapas que a continuación se describen.

En primer lugar, hay que conseguir que todos los usuarios potenciales se conviertan en usuarios reales. Que los miembros de la comunidad educativa reconozcan en la biblioteca un recurso básico para la formación, la información y la ocupación del tiempo de ocio.

Una vez que los lectores se acerquen a la biblioteca, recibirán información acerca de todo lo que ésta les puede ofrecer a fin de prepararlos para que hagan uso de ella con el máximo aprovechamiento.

Cuando el usuario conozca ya la biblioteca, todo lo que alberga y los servicios que le ofrece, se le enseñará a reconocer y localizar los distintos documentos. Se instruirá al lector en el manejo de las herramientas más adecuadas, sobre todo los catálogos, bases de datos y buscadores.

Conocida la tipología documental y los diversos soportes con que cuenta una biblioteca, es el momento de extraer del documento la información precisa. No todos los documentos ni todos los soportes son iguales; por tanto, también se enseñará a los jóvenes a manejar cada uno de ellos.

Una vez que se han dado todos los pasos para la selección y búsqueda de los documentos y la recogida de la información contenida en ellos, hay que concluir con la extracción y tratamiento de la misma, para presentarla en forma de nueva información capaz de generar en quien la lea nuevos conocimientos.

Lo que se ofrece a continuación es un conjunto de propuestas que permiten al bibliotecario –y al profesorado en general– llevar a cabo este itinerario de un modo atractivo para los alumnos, sin perder de vista los verdaderos objetivos de la biblioteca, transformándola en un verdadero ente con vida propia


Dar vida a la organización de la biblioteca

Zonas para distintos usos. Aunque el espacio total de la biblioteca escolar sea escaso –algo habitual en los centros educativos– es importante que el alumno tenga claro que la biblioteca no es un tótum revolútum, sino que en ella puede encontrar documentos de formato y contenido diverso y que puede realizar actividades de lo más variado. Por eso, conviene diferenciar: zona de información al usuario, novedades y consulta de catálogos; zona de lectura relajada –asociada a las obras de ficción–; hemeroteca; área de consulta y trabajo individual –asociada a los documentos temáticos o de conocimientos–; audiovisuales; zona de acceso a documentos electrónicos y consulta de Internet.

Decorar, informar, atraer. Lo anterior es mucho más atractivo para los lectores si se mantiene una decoración cuidada y renovada. Periódicamente hay que dar un aire nuevo, aprovechando el cambio de estaciones, la celebración de alguna fiesta, la visita de un autor o el tratamiento de algún tema de interés. Al mismo tiempo, se mantendrá un clima acogedor con plantas, grandes ilustraciones, luces indirectas, etc. Este ambiente general, hay que completarlo con indicativos que faciliten en todo momento el uso de la biblioteca. Esta tarea se verá complementada con información que se facilitará a los usuarios en forma de tríptico u hoja informativa y que estará permanentemente expuesta en el tablón de anuncios. Un tablón que se situará a la entrada de la biblioteca y hacia el que se atraerá la atención con información actualizada: listas de novedades, programación de actividades, avisos, anuncios de los lectores, artículos de prensa o titulares de interés, programación cultural del barrio o localidad, etc.

Facilitar la localización de documentos. El criterio más adecuado para la ordenación de los libros –y más en un centro de secundaria– es la utilización de la CDU (Clasificación Decimal Universal). Unido a ello, hay que introducir algunos elementos que sirvan para hacer lo más sencillo posible la localización de cualquier obra de interés del lector: símbolos que hagan referencia al género de las obras (en el caso de la literatura) o al contenido de las mismas (en el caso de los libros de conocimientos) y adhesivos de colores para orientarles respecto al nivel lector al que va dirigido un libro determinado. También es habitual emplear tejuelos de distintos colores para resaltar las obras que no se pueden sacar en préstamo de la biblioteca: enciclopedias, diccionarios, catálogos, etc.

Por otra parte, la ordenación siguiendo temas de interés suele dar buen resultado, ya que se reúnen en un estante o armario un conjunto de obras que, independientemente de su género, materia o soporte, se agrupan para que el lector pueda encontrar todo lo que hace referencia a un tema concreto.

Cuando se disponga de colecciones de 20 ó 30 ejemplares de un mismo título para realizar actividades grupales (librofórum, club de lectura...) conviene diferenciarlas también con algún distintivo y guardarlas en depósito.

Dar utilidad a los viejos catálogos. El volumen y las características de la información que se maneja en una biblioteca actual hacen imprescindible el empleo de equipos informáticos y la automatización de la misma. Pero no hay por qué desprenderse de los antiguos catálogos manuales, dado su carácter didáctico y manipulativo, de gran interés para los alumnos en los primeros cursos de la ESO.

Aprender de las librerías. Algo que no puede faltar en una biblioteca es un lugar donde sistemáticamente aparezcan los libros, discos, vídeos o CD-ROM que se van incorporando a la misma. Antes de que una obra pase a su ubicación definitiva, debe permanecer unos días en el expositor para que los usuarios se enteren inmediatamente de su adquisición. Asimismo, se informará de esas compras a todo el centro a través de una lista de novedades. Cualquier acontecimiento, celebración o tema de interés debe ser motivo también para renovar los libros del expositor.

Ayudante bibliotecario. La implicación de los chicos en la biblioteca escolar, no sólo como usuarios sino como colaboradores, tiene un interés pedagógico excepcional. Los alumnos de Secundaria pueden participar a través de talleres o como miembros de la comisión de la biblioteca en tareas de ordenación, devolución de documentos, elaboración de dosieres, preparación de libros para el préstamo, etc.  

 

Este texto es una colaboración de José Antonio Camacho

 
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