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Lectura comprensiva (Primera parte)

Desarrollo de habilidades interdisciplinares. Actividades comunes

Una queja común e interdisciplinar
Por un lado, no existe ningún profesor, sea de ciencias o de letras, que no se lamente de las dificultades que tienen sus alumnos para comprender lo que leen.

Por otro, todos los profesores, expliquen aminoácidos o la reciedumbre literaria de Stevenson, reconocen la importancia que tiene el hecho de que los alumnos comprendan. Más aún: cifran en ese gesto el éxito o el fracaso escolar.

A pesar de estas afinidades, existe una diferencia cualitativa entre uno y otro caso. Y es ésta: el profesorado de ciencias sigue anclado en la idea rancia y secular de considerar que la competencia lectora del alumnado es tarea exclusiva y excluyente del profesorado de lengua.

En el fondo de esta actitud laten ideas y prejuicios antiguos, productos directos de una injusta imagen social que mantiene que las ciencias están por encima de las letras, y que son lo que realmente importa. Pues un anfólito siempre será más importante que un sintagma, aunque éste sea endocéntrico.

Los profesores de ciencias parecen decir a los de letras: «Vuestra tarea específica consiste en prepararnos a los alumnos para que vengan a nuestras clases siendo capaces de entender y comprender todo lo que leen; capaces de identificar y organizar las ideas de los textos; y, también, claro, ¡faltaría más!, capaces de escribir sin faltas de ortografía».

En realidad, no son solo los profesores de ciencias quienes se encaraman en esta percha discursiva ingenua. También lo hacen los profesores de historia, de ética, de filosofía e, incluso, de religión. Aquí todo el mundo clama contra el mismo profesorado. ¡Es tan reconfortante tener un chivo expiatorio donde arrojar nuestra insuficiencia profesional!

Es un hecho que no todos somos profesores de lengua, pero todos utilizamos el lenguaje para transmitir conocimientos, sean matemáticos, físicos, químicos, históricos, filosóficos, lingüísticos o literarios.

En consecuencia, es necesario que el profesorado, sea cual su formación, profundice en el estudio de los procesos de comprensión y expresión del conocimiento mediante el lenguaje. Es el único camino posible para erradicar la problemática que tantos quebraderos de cabeza produce en el profesorado.

Sólo un enfoque interdisciplinar, que contemple los problemas específicos que tiene el alumnado a la hora de comprender y expresarse tanto oralmente como por escrito, podrá mitigar la sensación de continua derrota en la que estamos sumidos cada vez que se enfrentan ambos discursos.

En las circunstancias actuales, quizás sea el objetivo de la competencia lectora el único punto común de intersección que pueda recibir con éxito un tratamiento interdisciplinar por parte de todos los profesores.

¿Qué podemos hacer los profesores de las diferentes áreas?
En el cuadro que viene a continuación establezco algunas orientaciones que sirven para entender lo que sugiero.

Cada uno de los objetivos que aparecen en él es susceptible de desarrollo en cualquier área de enseñanza y aprendizaje. Lo mismo cabe decir de las actividades sugeridas. El único enemigo verdadero –¡y menudo enemigo!– de tal planteamiento es el verbalismo, al que la mayoría del profesorado estamos suscritos, al parecer, de por vida.

 

OBJETIVOS

ACTIVIDADES

Desarrollo de la competencia lingüística

  • Máxima presencia de la comunicación verbal –oral y escrita– en los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Práctica de la expresión escrita

  • Elaboración de textos relacionados con las distintas materias (trabajos, pruebas, ejercicios de creación).
  • Empleo sistemático de materiales escritos como fuentes de información y de consulta.
  • Elaboración de resúmenes, esquemas, síntesis, mapas conceptuales.

Práctica de la expresión oral

  • Actividades de debate y discusión.
  • Exposiciones orales de temas y trabajos elaborados por los alumnos

Manejo de las principales estructuras textuales

  • Uso de textos de diversa tipología.
  • Rigor en la construcción de definiciones, argumentaciones, exposiciones, descripciones de procesos.

Dominio del léxico

  • Reflexión sobre los términos técnicos específicos de cada área: etimologías, sentido, usos.
  • Ampliación del léxico culto y de los léxicos especializados.
  • Extrapolación a otras áreas de dicho léxico.
  • Transcodificaciones

Corrección ortográfica

  • Rigor en la observación de las normas ortográficas.
  • Evaluación crítica de los usos ortográficos erróneos o impropios

Uso de fuentes de consulta escrita

  • Uso permanente del Diccionario de la lengua.
  • Empleo de diccionarios especializados.

 

Si convenimos todos en que la lengua es el instrumento de comunicación por excelencia, también habrá que aceptar que la lengua es imprescindible para la construcción del conocimiento. Lo que significa que, si el desarrollo de la capacidad lingüística del alumno es insuficiente, acabará convirtiéndose en un escollo para todos.

Desde luego, no es habitual que los profesores de ciencias, matemáticas y sociales, permitan que sus alumnos lean y escriban sobre dichas materias. Que yo sepa en estas clases no existe un tiempo específico dedicado a leer y a escribir. Una dejación que contradice el hecho de que el profesorado de esas materias otorgue tanta importancia decisiva al aprendizaje de las habilidades lingüísticas; si no, no criticarían tanto su pésimo desarrollo en el área lingüística.

Conviene repetir que los saberes de cualquier área son recursos que han de convertirse en instrumentos imprescindibles para resolver problemas específicos en situaciones también concretas. Porque ¿de qué le sirve al alumnado saber tanto de esto y de lo otro y, a continuación, no saber hacer algo con dichos saberes?

El profesorado de ciencias –también el de letras, para qué engañarnos– reduce su presencia en el aula a decir el conocimiento, y obliga al alumnado a repetirlo, sea en exámenes o pruebas y controles de todo tipo. En muy pocas ocasiones, este mismo profesorado da al alumnado la posibilidad de transformar dicho conocimiento. Y ese, entre otros, sería el reto.

Este texto es una colaboración de Víctor Moreno

 
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