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«Hay más democracia y más libertad en el individuo que lee que en la multitud que atiende.»
J. Pérez Andujar, Los príncipes valientes
Introducción
A pesar de su carácter voluntario, el Bachillerato también forma parte de la Educación Secundaria. No podemos renunciar a las premisas de flexibilidad, libertad y mejora de la competencia lecto-literaria que reclamamos para la lectura en los niveles previos, sino que debemos dar coherencia a esta nueva etapa valorando la recepción que se ha hecho de lecturas anteriores y reflexionando sobre la aportación de las que se realizarán en este momento. Se trata de una actuación pertinente tanto en textos literarios como en otros tipos de discursos, ya que cada disciplina posee una manera particular de crear textos y géneros según sus objetivos específicos. Sólo cuando esto sea asumido se producirá la plena recepción de la lectura. Me centraré en este trabajo en algunas pistas para lograrlo en los textos específicamente literarios.
La recepción de la lectura en el Bachillerato
Aunque podríamos pensar que en el Bachillerato, por su carácter voluntario, los lectores son más homogéneos, la realidad revela una enorme diversidad, acentuada si cabe por la biografía lectora de cada alumno. Esto supone atender a distintos niveles de competencia lectora, pues no hacerlo supondría limitar la contribución de esta etapa al crecimiento del alumno como lector. Por otro lado, en un plazo relativamente breve, el joven accederá a la lectura, de forma casi exclusiva y autónoma, en ámbitos no formales, de ahí que ésta pueda ser la última oportunidad que tengamos, como docentes, para que el acceso se produzca de la forma más amplia, completa y placentera posible.
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Peculiaridades de la recepción en el Bachillerato |
Diversidad de intereses |
Perspectivas profesionales y académicas |
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Distintas disciplinas |
Variedad tipológica y genérica de las lecturas
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Nuevas exigencias |
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Diversidad de competencias |
Aprovechamiento académico previo |
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Niveles de exigencia crecientes |
Profundidad de las lecturas |
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Perspectiva de ámbitos no formales |
Voluntariedad de las enseñanzas |
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Lectura autónoma |
Creación de hábitos duraderos |
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Nuevas posturas lectoras |
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Diversos tipos de lectura |
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La competencia lectora y la competencia literaria
Las exigencias y el marco educativo actual permiten entender la actividad docente dentro del paradigma que podríamos denominar, de modo amplio, Teoría de la Recepción, al centrarse en el lector (alumno) como elemento principal del proceso comunicativo que se establece por medio de la lectura. Reconoce en el alumno un papel activo, valora la importancia de la re-creación y entiende la construcción del conocimiento como acto personal, para lo que es necesario buscar, de forma intencionada y sistemática, la creación de lectores competentes, partiendo de la comprensión lectora pero con el objetivo último de llegar al placer y a la interiorización del hábito lector, que sólo se consigue gracias a la libertad del joven y a su propia actividad, pues ello genera nuevos saberes, progresivamente ampliables (hipertextos).
Recepción de la lectura
Actividad lectora
Supone re-creación
construcción del conocimiento
elección personal
Busca lectores competentes
Parte de la comprensión
Pretende
alcanzar placer estético y hábito
Precisa libertad
interacción textual
Las funciones del docente
Las funciones que el docente deberá asumir en esta etapa serán múltiples.
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Todos los niveles educativos |
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Mediador |
Animador |
Formador crítico |
Motivador |
Dinamizador |
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Ofrece textos |
Propicia textos |
Guía el gusto/ Es lector modelo |
Dota de objetivos |
Facilita el intercambio |
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Niveles superiores |
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Transición a ámbitos no formales |
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Mediador |
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Ofrece los textos que pueden facilitar al alumno el acceso al conocimiento. |
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Crítico |
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Es responsable de seleccionar. |
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Lector-modelo |
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Explicita y clarifica ante el alumno lo que, en su calidad de lector-experto, es capaz de realizar de forma casi automática. La actividad se dirige a potenciar una comunicación más inteligente y, sobre todo, significativa con la obra literaria, abriendo nuevos enfoques, sugerencias o perspectivas que incidan en los diversos aspectos del fenómeno comunicativo. Es tarea del docente abrir líneas de acceso y de aprehensión de la obra a través de procedimientos para alcanzar, gracias al reconocimiento y la identificación de las cualidades del discurso literario, el deleite estético, indudablemente único y personalísimo. Además, el profesor de literatura aporta informaciones que ayudan al alumno a valorar las creaciones literarias con criterio propio, desde su postura inicial de crítico novel. |
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Animador |
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Presenta contextos que propician en el alumno la necesidad de leer. |
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Formador |
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En su calidad de lector-experto dirige las lecturas del alumnado con coherencia y pertinencia, pues sólo un verdadero profesional sabe equilibrar las aportaciones interpretativas de los alumnos suscitadas por la lectura con los conocimientos crítico-teóricos que el profesor aplica según unos criterios pedagógicos específicos y que, en estos niveles, son necesariamente mayores. |
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Motivador |
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Ofrece objetivos para la lectura (la investigación, la ampliación de conocimientos, la comprobación de datos, el placer…). |
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Dinamizador |
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Sabe vincular las diferentes funciones de la lectura (lúdica, estética, práctica…) y extiende su actuación desde el aula hasta ámbitos no formales, propiciando el intercambio interpersonal e institucional, pues el alumno puede compartir, gracias a sus lecturas, experiencias con otros lectores (amigos, miembros de un club, de su familia, del instituto…). |
La meta deberá ser la competencia literaria, que supera la mera competencia lectora, de ahí que también el docente deba trascender las funciones propias de los niveles iniciales, (animador y dinamizador) y progresivamente desarrollar las de motivador y lector-modelo, llegando finalmente a crítico y formador.
Actuaciones del docente para favorecer la recepción lectora: el intertexto
El intertexto remite específicamente a los enfoques comunicativos de la enseñanza-aprendizaje de la literatura a partir de las teorías de la recepción y establece un hilo de continuidad entre los aprendizajes de base lingüística y los literarios a partir del punto común de la lectura. Para Riffaterre, el intertexto es la percepción por el lector de relaciones entre una obra y otras que le han precedido o seguido. El concepto ha sido desarrollado extensamente por Mendoza1, estableciendo de forma precisa su significado, relaciones con la competencia literaria y su relevancia en el proceso didáctico. La constatación de la eficacia de este modelo en nuestra propia práctica docente nos lleva a refrendarlo con nuevas propuestas. Posee, al menos, las siguientes ventajas:
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Se vincula con la competencia literaria, cuya consecución es el objetivo último de la educación literaria.
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Conecta con el aprendizaje significativo de la literatura de base constructivista.
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Posee adecuación pragmática a las diferentes etapas.
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Valora la relevancia de la Literatura Juvenil.
Parece sobradamente justificado ampliar las actuaciones que favorecen la recepción de los textos, especialmente literarios, más allá de dos o tres obras, con carácter obligatorio y pertenecientes al canon clásico, señalando la utilidad de los estudios referidos a la intertextualidad, y de forma específica, las aportaciones de la narrativa juvenil, habida cuenta de que, si en los niveles iniciales resulta notorio que a leer se aprende leyendo, también es cierto que nunca se termina de aprender a leer, porque la lectura es una capacidad abierta que se perfecciona progresivamente.
Este texto es una colaboración de Antonia Mª Ortiz
Notas
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Particularmente en La educación literaria, bases para la formación de la competencia lecto-literaria (2004), Málaga: Aljibe, donde propone un modelo con unos componentes, objetivos y funcionalidad propios y Literatura comparada e intertextualidad (1994), Madrid: La Muralla. Subir
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