Sin prisas, sin preocupaciones, el autor nos propone recuperar el paseo por puro placer. Y nos ofrece 20 puntos o ideas sencillas que debería hacer cualquiera que quiera ser un buen paseante. Algunas de estas intenciones son: nunca tener prisa, salir cuando apetezca, disfrutar mirando las nubes, sentir fascinación por las cosas, conversar... Todo un manual para seguir. Ilustraciones sencillas en tonos ocres y pastel consiguen crear un ambiente apacible. Prólogo de Carl Honoré.
Sin prisas, sin preocupaciones, el autor nos propone recuperar el paseo por puro placer. Y nos ofrece 20 puntos o ideas sencillas que debería hacer cualquiera que quiera ser un buen paseante. Algunas de estas intenciones son: nunca tener prisa, salir cuando apetezca, disfrutar mirando las nubes, sentir fascinación por las cosas, conversar... Todo un manual para seguir. Ilustraciones sencillas en tonos ocres y pastel consiguen crear un ambiente apacible. Prólogo de Carl Honoré.
Manual del buen paseante

Punto uno.
El buen paseante sale a pasear cuando le apetece.
Punto dos:
El buen paseante nunca tiene prisa