José Carlos Andrés y Gómez continúan su repaso por las infancias de conocidos personajes del género de terror. Si con anterioridad conocíamos los sentimientos y conflictos personales de un fantasma, un vampiro o una momia, ahora descubrimos las emociones de una descendiente directa del célebre monstruo creado por Victor Frankenstein en la novela de Mary Shelley. De esta forma desmitificamos a estos seres, siempre retratados de forma temible en los originales, pero que, en el fondo, también fueron pequeños con sus dudas, problemas -inherentes a su condición de "diferentes" al resto-; y sueños por cumplir. Con mucho humor, el capítulo presenta a Franky, una niña de grandes dimensiones que, a pesar de contar con juguetes y diversiones diseñadas en exclusiva para ella, ansía la relación "tú a tú" con otros de su edad, algo que puede cambiar desde el momento que empieza a asistir a la escuela y, en consencuencia, normalizar su vida, al mismo tiempo que establece complicidades con Chiki, contrapunto que impulsa la valentía del personaje principal. Un mensaje de igualdad y ruptura de estereotipos muy adecuado subyace en el argumento, aderezado con ilustraciones realizadas mediante procedimientos digitales, fieles a los patrones habituales de la artista formada en Salamanca.
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Franky Frankenstein

Franky Frankenstein era una niña un poco GRANDE.
En realidad, era BASTANTE GRANDE.
¡Era MUY GRANDE!
Franky Frankenstein tenía unas compañeras
de juego
MUY ESPECIALES:
La piraña que araña, la serpiente Mordiente, varios Mocojos y...
¡MUCHOS JUGUETES hechos por Papá Frankenstein!