La saga Mundo de tinta nos regala un cuarto y, tal vez, inesperado episodio que devuelve a la actualidad a la célebre escritora e ilustradora alemana, radicada en Estados Unidos. Funke revolucionó el género fantástico tiempo atrás dejando una profunda huella en los lectores de anteriores generaciones. Ahora estos pueden disfrutar del reencuentro con los personajes emblemáticos de la saga, veinte años después, e incorporar al imaginario a otros lectores curiosos que se sientan atraídos por los relatos de magia más oscuros. Si bien el argumento está orientado, sobre todo, a "muy cafeteros" -es decir, a conocedores en profundidad de las premisas narrativas que guian los episodios precedentes-; la aparición de personajes novedosos y esa extraordinaria capacidad narrativa para embaucar y atrapar a los chicos y chicas (no solo preadolescentes y jóvenes, también adultos); convierten el nuevo trabajo en un libro seductor. En esta aventura conocemos en profundidad a nuevos personajes, se amplían las fronteras del peligroso escenario anterior e hila un certero plan de venganza orquestado por Orfeo, sumido en el odio y la sed de revancha que generaron anteriores acontecimientos (fue derrocado gracias a la unión de fuerzas de Meggie, Mo y Dedo Polvoriento) Incorpora, como en anteriores ocasiones, algunos esbozos gráficos aportados por la propia autora.
La saga Mundo de tinta nos regala un cuarto y, tal vez, inesperado episodio que devuelve a la actualidad a la célebre escritora e ilustradora alemana, radicada en Estados Unidos. Funke revolucionó el género fantástico tiempo atrás dejando una profunda huella en los lectores de anteriores generaciones. Ahora estos pueden disfrutar del reencuentro con los personajes emblemáticos de la saga, veinte años después, e incorporar... Seguir leyendo
Venganza de tinta

Sombras de fuego
Quien quiera ser feliz que sepa esto: del mañana no se sabe nada.
Lorenzo de Médici
El mundo estaba oscuro. Era de noche en Umbra. Solo los muros del castillo se teñían de rojo, como si el sol crepuscular se hubiera escondido entre ellos. En las almenas, los centinelas de fuego se erguían entre soldados de carne y hueso; también abajo, entre los arcos de la puerta, donde se hacinaban los vivos, las llamas formaban siluetas de mujeres, hombres y niños.